Publicación: 1 de Febrero de 2022
Última actualización: 19 de Abril de 2022

El accidente ferroviario más grande de la historia nacional

El Domingo 1º de Febrero de 1970 a las 20:05hs. se produjo un tremendo accidente ferroviario entre las estaciones Benavidez y General Pacheco, a pocos metros del arroyo Las Tunas. Un hecho que conmovió al país y marcó la vida de miles de vecinos.

Eran las 20:02 de la noche, del Domingo 1º de febrero de 1970. Un tren que había salido a las 18.48hs. desde la ciudad de Zárate con destino a Retiro, se detuvo en el kilómetro 36 por un desperfecto en la locomotora, entre las estaciones Benavidez y General Pacheco, en aquél entonces una zona despoblada y oscura, de tierras bajas y bañados, solo alterada en su paisaje natural por las vías del ferrocarril Mitre. El tren venía lleno. Llevaba 1.090 pasajeros que en su mayoría retornaban a sus hogares después de pasar un domingo de descanso, sin saber que pronto cambiaría su vida para siempre.

El día anterior, había salido de la ciudad de Tucumán el tren Nº 1016, “El Mixto”, con 260 pasajeros: 179 en clase única, 70 en primera y 11 en camarote. A las 15:30hs había pasado por Rosario, donde efectuó el relevo de personal. Llevaba ocho vagones de pasajeros y dos de transporte de automotores. Según el diagrama habitual, debía pasar por estación Zárate a las 18:28hs. (20 minutos antes de la salida del tren local), pero debido a un atraso, llegó a Zárate cuando el tren local ya habia partido rumbo a Retiro, obligando al Tucumano a circular dentrás de éste. Por esas horas, el Tucumano llevaba 48 minutos de atraso y al pasar Benavidez, los maquinistas Alfredo Amoroso y Juan Diozkez vieron la señal de "vía libre" y condujeron a toda potencia las dos locomotoras (la Nº 6329 y Nº 5232) que traccionaban el convoy, asumiendo que el tren local habia sido desviado en una via auxiliar en la estación General Pacheco y podrían sobrepasarlo para llegar más rápido a destino.

Itinerario del tren Nº 3832 - "El Zarateño"
Gentileza: Guillermo Ramos

Itinerario del tren Nº 1016 - "El Mixto"
Gentileza: Guillermo Ramos

Fueron pocos los minutos en los cuales el tren local estuvo detenido luego de una pequeña curva cerca del arroyo Las Tunas, pero bastó para el encuentro fatal. A las 20:05, algunos pasajeros del tren “El Zarateño” vieron asomar una luz a toda velocidad por la curva, y a muy a pocos metros de ellos. Comenzó una lucha contrarreloj. Mientras el sorprendido maquinista de “El Mixto” intentó infructuosamente frenar la formación, pasajeros del tren local comenzaron a arrojarse a las vías. Era cuestión de segundos para el impacto.

Las dos locomotoras del tren de Tucumán se incrustaron en dos de los últimos vagones del tren que se encontraba detenido, destrozándolos por completo; el resto del tren local salió eyectado a raíz del impacto y se detuvo a 80 metros. 4 vagones del tren proveniente de Tucumán descarrilaron. Sin comunicación, sin accesos y con escasos recursos la suerte de cientos de personas estaba echada. El primer recuento dio 142 muertos pero la cifra oficial alcanzaría los 236.

Las horas siguientes al accidente

Una gran explosión seguida por una enorme nube de polvo irrumpió la calma en el atardecer del 1º de Febrero de 1970. De lejos, distintas personas vieron o escucharon lo sucedido, entre ellos un grupo de jóvenes que jugaba al futbol en un campo cercano, y otro grupo de trabajadores del actual frigorífico Rioplatense, quienes buscaron la forma de dar aviso o acercarse a ayudar. Algunos de los pasajeros de los trenes accidentados comenzaron a caminar por las vías con sentido a la estación de General Pacheco, hasta que encontraron la primera casa, que se ubicaba en la actual calle Artigas y San Luis, donde vivia la familia Rodriguez. Desde allí, salieron rápidamente hacia la comisaría a caballo, también para avisar a las autoridades. A su vez, como sucedió en otras casas cercanas que tenian bomba de agua, brindaron agua a gran cantidad de heridos y rescatistas que pasaban por el lugar.


La locomotora Nº 6329 de "El Mixto" se incrustó en el último vagón del tren local.

Foto: Diario La Prensa

Tal fue la gravedad de la situación y tan compleja la tarea de rescate, que al lugar acudieron bomberos y fuerzas de seguridad (Policía de Tigre y San Martín, Prefectura Naval Argentina y el Ejército), algunos que fueron convocados y otros que acercaron por su propia cuenta al enterarse del suceso. Asimismo, muchos vecinos acudieron a prestar ayuda de forma voluntaria. Al mismo tiempo, por las radioemisoras se solicitaba la presencia de médicos, enfermeras y cuantos pudieran ayudar.

Cabe señalar que en aquél momento las comunicaciones eran muy limitadas (prácticamente no había teléfonos en el pueblo) y en ese contexto fue sumamente valioso la labor y compromiso de radioaficionados. El primer aviso lo dio el vecino y bombero Ángel Greco (licencia LU1EBA). Por su parte, Maria Teresa Gutierrez, vecina de San Miguel, nos cuenta "Mi madre, María Teresa Loreau, radioaficionada(licencia LU7EAG), estaba conectada en la banda de radioaficcionados, cuando escucha decir "prioridad cero" (quiere decir que todos los que en ese momento se estaban comunicando debían hacer silencio porque algo grave sucedía). En ese momento le avisa a mi padre, Rodolfo Héctor Gutiérrez (licencia LU8EAG), quien se encontraba en el Radio Club de Gral Sarmiento (LU7DZV), junto a otro radioaficcionado Juan Carlos Bibolian. Inmediatamente al enterarse de lo sucedido comienzan a dar aviso a Defensa Civil, Bomberos, Médicos, Policía, Ejército. Mi padre fue a colaborar con Defensa Civil y realmente fue impresionante lo que se veía. Mi madre estuvo más de 15 días recibiendo gente en mi casa que venían llorando para saber si en las listas estaba algún familiar fallecido".


Rodolfo Héctor Gutiérrez y Juan Carlos Bibolian brindando asistencia horas después del accidente, en el Radio Club General Sarmiento.

Foto: Diario La Nación

También llegaron al lugar varios periodistas, entre ellos un periodista de la revista "ASI" (ya conocida por realizar crudas coberturas de hechos trágicos), quien tomó fotografías sumamente sensibles que fueron publicadas en la siguiente edición. El día 5 de febrero el Poder Ejectivo, a cargo del presidente de facto General Juan Carlos Ongania, dispuso por Ley Nº 18.584 y su decreto Nº 600/70, la prohibición de la impresión, publicación y distribución de dicha revista, como así también el secuestro de sus ejemplares. La norma se fundamentaba en que esa revista "se caracteriza por un sensacionalismo que no se detiene en lucrar con los más bajos instintos y pasiones", lo cual destaca que "se ha acentuado ostensiblemente con referencia a la catástrofe ferroviaria que enluta al país, excediendo cualquier limite compatible con el sentimiento ético colectivo.".

A poco de ocurrido el accidente se hizo de noche, y la oscuridad complicó aún más las tareas de rescate, hasta tanto la policía pudo disponer de varias usinas generadoras de electricidad para iluminar y tomar real dimensión de lo sucedido.

Las primeras horas fueron desesperantes. Gran cantidad de personas se acercaron a colaborar de forma poco organizada, mientras otros, desesperados buscando información de familiares o amigos, obstaculizaban las tareas de rescate. Un tren local que circulaba en sentido a Zárate y habia quedado detenido en la estación General Pacheco se transformó en un improvisado tren de auxilio, que comenzó a circular entre la estación y la zona del accidente, llevando personal de rescate y voluntarios - algunos, incluso eran pasajeros que venian en ese tren y se dispusieron a ayudar - y trayendo heridos, en improvisadas camillas hechas con bancos, mesas y puertas.

En cuanto a los heridos - muchos de extrema gravedad - fueron derivadas a localidades vecinas, e incluso de Buenos Aires. Cabe recordar que en aquel entonces el pueblo contaba apenas con un modesto hospital vecinal, insuficiente para atender la tragedia.

Por otro lado, la actitud heroica y comprometida de cientos de personas se vio empañada por repudiables actos de algunas personas, que inescrupulosamente aprovecharon la siutación para robar pertenecías a quienes habían sufrido el accidente. De acuerdo a información suministrada por el jefe del cuerpo de Bomberos de Vicente López, inspector mayor Alberto De Leat, al diario La Prensa, sorprendieron a un individuo que, después de hurtar un casco y una chaqueta de bombero, se había mezclado entre el personal actuante para robar efectos y alhajas a las víctimas. Posteriormente, trascendió que el personal de la policía había procedido a detener a 10 personas en total, todos ellos por hurto.

Frente a esta situación el Ejército tomó control de la zona, que fue declarada “de emergencia”.


Tareas de rescate en el interior de uno de los vagones

Foto: Diario La Prensa

Durante toda la noche continuaron los trabajos, y a la mañana siguiente una intensa lluvia sumó dificultades.

Con las primeras luces del día, la escena era aterradora. Fierros retorcidos, maderas quemadas, personas aún atrapadas y otras fallecidas. Los restos de los trenes por momentos eran irreconocibles. Dos vagones del tren que venía de Zárante (números 809 y 802) se habían incrustado de tal manera que formaban un solo bloque. Con sopletes y herramientas se lograban cortar y separar chapas y hierros que oprimían a los atrapados, y al mismo tiempo fue necesario revisar las vías y las malezas de los terrenos vecinos en busca de cuerpos que quedaron diseminados en un amplio sector.


Por el impacto, dos vagones del tren que venía de Zárante (números 809 y 802) se incrustaron uno dentro del otro.

Foto: Diario La Prensa

Bomberos, ambulancias y autos particulares ingresaban a campo traviesa desde la ex ruta 9 (actual Av. De Los Constituyentes) para evacuar a los heridos. Debido a la lluvia, debió solicitarse la colaboración de varios tractores de la Municipalidad y de los bomberos para poder arrastrar las ambulancias y las autobombas. A 500 metros del lugar del accidente, un cordón policial impedía el paso de gran cantidad de personas que se acercaron a la zona.


La zona de la catástrofe

Foto: Diario La Prensa

En la mañana del 2 de Febrero ya se habian retirado gran cantidad de cuerpos, pero aún habia una cantidad no determinada de personas fallecidas dentro de los hierros retorcidos, como así también en las inmediaciones. Los primeros fallecidos habían sido llevados al hospital de San Fernando y a la subcomisaria de General Pacheco, los siguientes fueron llevados al cuartel central de los Bomberos Voluntarios de General Pacheco,

Finalmente, acudieron trabajadores del ferrocarril para retirar los restos de los vagones y locomotoras. Los dos vagones que se habían “fusionado” fueron arrojados a una zanja paralela a las vías, para cortarlos con sopletes y transportarlos.


Los dos vagones incrustados fueron volcados al costado de las vias.

Foto: Diario La Prensa

A las 12.40 llegó en un helicóptero el gobernador de la provincia, Saturnino Llorente. Diez minutos más tarde aterrizó otro helicóptero en el que llegó el secretario de prensa de la presidencia.

Asimismo, quien era presidente de la Nación en aquél momento, general Juan Carlos Onganía, y otras autoridades nacionales y provinciales acudieron, para conocer otros detalles de la tragedia. El gobierno de Buenos Aires declaró dia de duelo en todo el territorio provincial.

En la subcomisaría de General Pacheco se llevaron todos los objetos recuperados del lugar de la tragedia (gran cantidad de bolsos de mano, valijas, cañas de pescar y diversos elementos), y fueron depositados en un patio interior.


El Jefe de la Subcomisaría de General Pacheco, José Ramirez, junto a personal policial, ordenando documentación y pertenencias halladas en la zona.

Foto: Diario La Prensa

Las Causas

Ante semejante tragedia, inevitablemente surgieron las preguntas acerca de cómo fue posible que haya ocurrido. La hipótesis del sabotaje fue rápidamente descartada, y todo apuntó al personal a cargo de la estación de Benavidez, quienes fueron detenidos. Sucede que en dicha estación se había colocado la señal de "via libre" para el tren local, pero tras su paso no se realizó la maniobra para colocar la señal en posición horizontal, es decir, avisando al próximo tren que debía detenerse. De este modo, a escasos minutos el tren proveniente de Tucumán, observó la via libre interpretando que el tren local ya había sido desviado a via 4ta de la estación General Pacheco, para dejarle paso, algo que evidentemente no sucedió.

Luego, se supo que unas horas antes se había registrado un asalto a la estación de Benavidez, y habría sido este un motivo por el cual las personas a cargo no habrían estado lo suficientemente atentas para cumplir con su tarea.

El diario La Prensa recogió el testimonio de Juan Sosa y Alfredo Gonzalez, quienes el Domingo a la tarde se acercaron a la estación de Benavidez para tomar el tren a Escobar, y según relataron, el auxiliar de la estación y a cargo de las señales, Máximo Blanco, de 37 años, estaba muy nervioso. Luego, relatan que se enteraron del robo y “como en otra oportunidad había sido asaltado y amenazado de muerte, él y sus hijos, no les extrañó la observación que hacían, aunque señalaron que el mencionado auxiliar es por lo regular de carácter amable” y agregó que inclusive "mantuvo una discusión con la propietaria de un quiosco". Según se pudo reconstruir, a las 20:04 Blanco estaba en el baño, y al escuchar el paso del tren de Tucumán "corrió a la casilla gesticulando y tomándose la cabeza al mismo tiempo que gritaba preguntando al peón si había tenido confirmación de General Pacheco de la llegada del primero de los trenes, a lo que el peón contestó que no (...) "en ese momento – dijeron Sosa y Gonzalez – tuvimos el presentimiento de que una terrible tragedia iba a ocurrir"."


Dibujo de Sergio Garcia. "El Zarateño" detenido en la noche que recién iniciaba, y de fondo la luz de "El Mixto" se aproximaba al impacto.
Gentileza: Guillermo Ramos

Relatos de la tragedia
en primera persona

Fernando Faccio, guarda del tren proveniente de Tucumán expresó al diario La Prensa “que en el momento del choque viajaba ajeno por completo a la tragedia que se iba a desencadenar. “De pronto escuchamos como una terrible explosión, y fuimos arrojados al piso. Cuando se detuvo nuestro tren, después de arrastrar como 300 metros al convoy local, el espectáculo era pavoroso. A los costados de las vías quedaban los restos del último vagón y decenas de cadáveres mutilados. La confusión duró mucho tiempo, hasta que llegaron los primeros auxilios y se pudo hacer algo efectivo por los heridos.”

Asimismo, el maquinista de dicho tren, Alfredo Amoroso de 52 años, dijo al citado diario “Desde la estación Benavidez hasta el lugar del hecho habrán transcurrido dos minutos escasos, pues llevaba una velocidad cercana a los 105km/h. Al dejar atrás la curva existente en la zona, alcancé a divisar un tren que se me antojó, enseguida, corría por mi propia vía. Aplique entonces los frenos unos 350 metros antes del choque, reduciendo de tal manera la velocidad a casi la mitad de la que venia. A pesar de ello – agregó – el impacto fue terrible”.

Por su parte, Vito Ceroli, de 50 años, estaba a cargo del tren 3832 proveniente de Zárate. Entrevistado por el diario La Prensa, contó que “mi tren con la colaboración del foguisa, señor Molina, partió a las 19.48 de la estación Benavidez, es decir, de acuerdo al horario establecido. Demoramos 8 minutos y medio para llegar hasta el lugar donde después se produciría la horrenda tragedia, por haberse cortado la tracción de la maquina. Ante ese inconveniente detuve el convoy en forma suave, pues venia avanzando por su propio impulso y tardamos tres minutos y medio en reparar el desperfecto. Al pretender reanudar la marcha sentí un impacto. En el primer momento presumí que se trataba de un fuerte tirón de la máquina reparada. Nunca pensé que habíamos sido embestidos por otro tren. El hecho de encontrarme en cuclillas hizo que el golpe me lanzara hacia adelante y fue cuando me produje la herida en la frente al chocar fuertemente contra el tablero de mando de la locomotora. La circunstancia de no haber perdido el conocimiento me permitió tener una idea de lo sucedido – aclaró - y colaboré con las primeras tareas de auxilio, a pesar de que sufría una continua pérdida de sangre. Ante la magnitud de los hechos ordené al foguista separar la máquina del resto de los vagones para dirigirme, lo más rápido posible a la estación de General Pacheco a solicitar ayuda.”

En cuanto a los heridos, el Diario La Prensa recogió los siguientes testimonios.

Por un lado, conversó con Oscar Amadeo De Pina, de 19 años, quien presentaba fracturas en el tobillo derecho, y diversos cortes y hematomas. Él contó que “... habíamos ascendido al tren en la estación Campana. Logramos sentarnos en el último vagón. Mis padres se ubicaron en los últimos asientos y yo en los de adelante. El tren permaneció parado un rato bastante largo. De repente la gente que se encontraba de pie comenzó a correr hacia adelante. Eran los que habían advertido la proximidad del otro tren. Yo no me di cuenta. En momentos en que trataba de averiguar qué sucedía oí como una explosión y pensé que se me venía todo encima. Los que habían corrido volaban por el aire o quedaban aprisionados entre los dos vagones últimos. En ningún momento perdí el conocimiento, pero quedé como atontado, sin tener idea de la catástrofe que en realidad había sucedido. Sólo recuerdo los gritos desgarradores y llanos de niños. No podría decir quien me auxilió y lo último que podría agregar es que hemos tenido una gran suerte pues nos salvamos los cuatro.

Luego, Jaime Gómez, de 16 años, dijo: viajaba con tres aimgos en la plataforma del vagón, porque era el único lugar donde corría un poco de fresco y es posible que este hecho me haya salvado la vida. No hacia más de tres minutos o cuatro que estábamos detenidos (según nos dijeron por un desperfecto en la máquina) cuando comenzamos a escuchar gritos que venían desde los vagones traseros del convoy y al asomarnos vimos que mucha gente se tiraba y trataba de alejarse a la carrera. Cuando íbamos a descender para averiguar lo que ocurría fuimos prácticamente lanzados primero contra los costados de la plataforma y luego sobre las vías y desde allí a un cañaveral donde estuve un rato sin saber qué hacer. Sobre el terraplén no se veía nada, ya que una nube de polvo lo cubría todo. Al salir del cañaveral en busca de mis amigos vi cerca de las vías varios cuerpos mutilados y a una chica que corria de un lugar a otro y pedía que la ayudaran a buscar a su padre. Encontré a mis amigos a unos cien metros del lugar del accidente y nos abrazamos sin pronunciar palabra; dos de hecho habían perdido momentáneamente la voz. En una camioneta que se detuvo en la ruta nos alejamos del lugar en dirección a al capital.

Por último, Beatriz Saravia contó: “Viajaba en el primer vagón y para pasar el tiempo venía leyendo un diario del sábado, por lo que no presté mucha atención al hecho de que el tren se detuviera. Sólo escuche a un señor que decía “parece ser que es la máquina”. Lo que sucedió después es muy confuso, ya que cuando recuperé el conocimiento me encontraba acostada sobre un campo donde había muchas personas en la misma posición y que parecían muertas. Pese a que las piernas me temblaban y sentía fuertes nauseas me incorporé y comencé a seguir a personas que se alejaban del lugar por el camino, observe lo que había quedado del tren, así como muchas escenas de dolor que no olvidaré en mi vida.

Cómo se vivió en General Pacheco

Por aquellos días, el pueblo de General Pacheco vió transformada bruscamente su tranquilidad habitual, para transformarse en una zona de catástrofe. En las primeras horas muchos vecinos se transformaron en socorristas, poniendo a disposición sus autos y camiones para ir al rescate de los heridos. Pero la escena era tan dramática que algunos, no habituados a ese tipo de situaciones, sufrieron traumas y hasta perdieron la vida de la impresión que les generó llegar al lugar.

Con el correr de las horas y días, decenas de personas fallecidas fueron llevadas al edificio de los Bomberos Voluntarios y en la Comisaría. Personal de fuerzas de seguridad y bomberos iban y venían con camiones y otros vehículos destinados al rescate. General Pacheco estuvo en boca de todos, y los vecinos los recuerdan de la siguiente manera:

Maria Del Carmen Fernandez.

"Me acuerdo y lo feo que era caminar por Pacheco el salón de bomberos y lo que era la casa de la higiénica (un galpón grande en la 197) y la comisaría se ponían los cuerpos para reconocer un horror la gente buscando sus seres queridos"

Laura Ramirez.

"Lo recuerdo perfectamente... Mi padre, José Ramirez, en aquel entonces era el Jefe de la comisaría de Pacheco y estuvo a cargo del operativo. Él provenia de prestar servicios en el Delta (Río Carabelas), otro entorno, y esto significó un antes y un después en su vida. Fue uno de los primeros en llegar a auxiliar y estuvo muchos días sin venir a casa, luego a medida que transcurrían los días tuvo problemas para dormir y hasta para alimentarse. En ese tiempo no era común hacer terapia, pero lo hubiese necesitado, el accidente lo afectó de sobremanera."

Dolores Pedrozo.

"Un dia de mucha solidaridad con los pocos habitantes que habia en el barrio. El campo existente en ese momento entre las vias ferreas y el Barrio Delfino era un gran pastizal, junto a mi marido y otros vecinos corrimos al lugar para ayudar a salir a los viajantes del fatídico tren. Mi marido ayudó a sacar los cuerpos para que los bomberos los translaran."

Fernando Ortiz.

"Yo estaba por cumplir 4 años, viviamos frente a las vias a 400 m de la estacion Pacheco. Me despertó mi mamá abrazándome fuerte para que no me asuste con las sirenas. Mi papá y amigos después de jugar al fútbol se encontraban tomando algo en el almacén de Alfredo, que hoy está cerrado abajo del puente y así como estaban salieron a ayudar... mi papá con el tiempo se animó a contarme el panorama con que se encontraron... sacaron los cuerpos que pudieron junto con los bomberos, policías y demás voluntarios.... era muy muy fuerte ver esos cuerpos totalmente despedazados. Las vías y la calle Artigas era un constante movimiento de vehículos, y gente a pie. Al otro día seguía el paso de personas, llorando. Tristes, muy tristes. Como era muy chico no entendía la magnitud del accidente. Era espectador desde mi portón de todo lo que pasaba, durante muchos dias mire pasar grandes gruas. Momentos que te quedan grabados. Una verdadera catástrofe que superó a todos los sistemas de emergencia de aquellos años."

Miguel Espejo.

"Yo me acuerdo perfecto porque manejaba un camión volcador de un corralón y el ejército me convocó obligatoriamente para llevar restos de los fallecidos al cuartel de Bomberos de Pacheco. Hice tres viajes, me desinfectaron el camión no recuerdo con qué y me dieron las gracias. Recuerdo como si fuera hoy el choque de trenes, fue a la salida de una gran curva y despues llovió esa noche y hubo que esperar a los camiones del ejército para llegar a las vias, porque de la ruta 9 era la única existente en esos tiempos y habia un campo en el que el ejercito abrió camino para llegar a las vias. En el fondo se montó un hospital de campaña y se atendia a heridos. Un recuerdo muy triste"

Rosa Villar.

"Un día le pregunto a un compañero, "¿Tu papá vive?" "No", contesta, "No lo conocí, falleció cuando estaba mi madre embarazada, cuando fué el accidente ayudó incansablemente estaba muy cerca, al día siguiente falleció". Fué y es un héroe, su apellido Barreto, papá de Jorge Barreto, dejó su vida por salvar otras."

Guillermo Ramos.

"Ese día mi hermano Daniel cumplía 8 años, solo separaba nuestra casa del cuartel de bomberos tan solo 50 metros de vereda. Cuando todo sucedió, la fiesta de los grandes se dio por terminada y todos a la cama. Durante la noche recuerdo escuchar sirenas que no dejaban de sonar. Hasta que el sueño se apoderaba de nosotros y nos dormimos.
Al dia siguiente teníamos prohibido salir de la casa, no entendíamos porque, y hasta nos preguntábamos que hicimos. Recuerdo que en un momento nos escapamos con mi hermano y fuimos corriendo al cuartel a ver qué ocurría, al final todo el alboroto venía desde allí. Al llegar vimos cientos de cajas apiladas una encima de la otra, y mucho movimiento de policías Soldados y bomberos, había mucha gente de civil también. Entendimos rápidamente que algo estaba muy mal porque alcanzamos a ver manchas de sangre. Mientras todo ocurría los adultos nos echaban, era lógico. Regresamos a casa y al entrar por el portón nos sorprendió nuestra madre, no podría contar que nos ocurrió después, pero se perfectamente que ustedes entenderán. Yo tenía 7 años, y lo recuerdo como si fuera ayer. Con el tiempo supimos que había pasado. Y con el paso de los años me fui interesando más. Hoy solo me resta recordar aquel día, y cada vez que llega un 1ro de febrero trato de rendir mi homenaje póstumo y austero, casi nadie se entera. Pero trato de al menos hacer tan solo un minuto de silencio por todos ellos."

Adriana Viega.

"Yo tenia 8 años, vivía en Las Tunas a 3 cuadras de Ruta 9, en la cuadra siguiente del Frigorifico Rioplatense. En esos tiempos era todo despoblado, a la distancia se podia apresiar ,la silueta del tren pero se veia muy chiquito. Como todas las tardes, nos sentamos en el costado de la casa con mi madre y padre para tomar unos mates, cuando escuchamos una explosión muy fuerte. Yo no entendi lo que pasó pero veo a mis padres que se agarraran la cabeza y mi mamá gritó llorando "Chocaron los trenes!". Luego me llevaron de una amiga y ellos fueron hasta el lugar. Alli se encintraron con mis tios y mis abuelos que vivian en el barrio Ferrini, y cruzaron un monte y las canteras para llegar al lugar. En ese momento nadie me conto nada, pero mi abuelo falleció unos meses mas tarde.
Después de muchos años mi abuela me contó la desesperacion de mi abuelo y de mis tios (que eran adolescentes) por intentar salvar vidas, y la angustia que le quedó mi abuelo que socorrió a una nena que le pedia agua; él recogio de un charco con sus manos y le dio, pero la nena murió en sus brazos. Contaban la desesperacion de los bomberos que no tenian como pasar y entraban por el ombu, improvisaron un camino donde hoy es la entrada de La Barranca. Es un hecho que creo que está guardado en la memoria de todo Pacheco, en especial barrios Ombu, Ferrini, Delfino y Las Tunas"

Monica Appendino.

"Como olvidar!!! Mi Papá ayudando entre los fierros y buscando a mi prima que viajaba siempre desde Baradero en ese tren para estudiar en Bs. As... terrible... yo vivía en la estación, la zorra traía los muertos y los depositaba en la puerta de la que era mi casa.....como olvidar!!!"

Roxana Rau.

"Nunca olvidar esa terrible noche!! Mi familia vivia en calle San Luis a 4 cuadras del Hospital y yo contaba con 7 años. En medio de la noche se escuchò un estruendo y lo que después con los años sabrìa que era, el chirrido de fierros retorcidos. Luego la pesadilla, las sirenas de policías, ambulancias, los bomberos, la sirena del cuartel que no paraba de sonar, mis vecinos bomberos voluntarios salir corriendo de sus casas o en bicicleta a prestar servicio, todos iban y venian por mi calle y por las de atrás. Luego supimos que habian chocado los trenes y al otro dia emprendimos la caminata hacia el lugar y ver que se podìa hacer pero ya no se permitìa pasar y desde lejos solo pudimos ver la silueta de esos vagones incrustados levantados en altura... HACE 38 años que vivo en Bahía Blanca y JAMAS DEJO DE PERDER EL SUEÑO SI ES DE NOCHE O ESTREMECERME AL ESCUCHAR UNA SIRENA SONAR Y CORRER O DE UN CUARTEL DE BOMBEROS QUE TENGO CERCA... Nunca superé el trauma de querer esa noche dormir y escuchar el ulular de las sirenas lo que aùn hoy me altera y me lleva al recuerdo de aquella noche tràgica. No tuve muchas oportunidades de hablar del tema y hoy al encontrar este pedacito de hstoria en esta maravillosa pagina que me acerca a mi ciudad natal a la que extraño mucho, decidí aportar mi testimonio. Gracias por esta oportunidad de testimoniar ESA NOCHE TRAGICA QUE ME MARCO DE POR VIDA!!

Homenajes

Al escribir este artículo, pudimos acercarnos un poco a los hechos traumáticos de aquellos días, y al conversar varias personas notamos que en muchos existe una necesidad por hablar de lo sucedido, recordar a los seres queridos y reivindicar a quienes estuvieron en las tareas de rescate. Sin embargo, pese a la importancia de la tragedia y la actitud heroica de equipos de bomberos, fuerzas de seguridad, ferroviarios y vecinos, no existe al momento un espacio físico que permita recordar el hecho, y realizar un homenaje póstumo a las víctimas y a sus familias, a los socorristas (algunos que incluso dieron la vida ayudando a los heridos), y tantos que voluntariamente se aprestaron a la ayuda desinteresada, en especial vecinos del pueblo de General Pacheco y sus barrios de Las Tunas y Enrique Delfino.

En algunos años, sin embargo, existieron homenajes movidos por particulares para que el 1º de Febrero se recuerde lo que pasó aquella noche de verano de 1970. También algunos nos comentaron que en algún momento hubo una cruz en recuerdo de las víctimas en el lugar del accidente, pero lamentablemente con el tiempo desapareció. Otro vecino nos contó su infructuosa gestión para que se construya un memorial en el sitio. Tal vez, sea momento de reflotar y concretar aquellas ideas.

Toque de sirena en el cuartel de Bomberos Voluntarios de General Pacheco a las 20:05 hs del 1 de febrero de 2020 al conmemorarse el 50º aniversario, en homenaje a las víctimas, familiares, y rescatistas
Gentileza: Guillermo Ramos

Si estuviste o tenés recuerdos, documentos o fotografías de aquellos días que quieras compartir con la comunidad, te invitamos a escribirnos para seguir rescatando y narrando colectivamente nuestra memoria.

 

Fuentes:
• Diario La Prensa. Ediciones de los dias 2, 3 y 4 de Febrero de 1970.
• Revista "ASI". Edición Febrero 1970.
• Diario La Nación. Edición del 5 de Febrero de 1970.
• Diario La Nación. Edición del 5 de Febrero de 1970.
• Memoria de vecinos/as: Guillermo Ramos, María Teresa Loreau, Maria Del Carmen Fernandez, Laura Ramirez, Dolores Pedrozo, Fernando Ortiz, Miguel Espejo, Roxana Rau y Rosa Villar.

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