Última revisión: 18 de Abril de 2022

Historia de la Biblioteca Juan José Castelli

Promediando el siglo XX, General Pacheco había dejado de ser aquel pueblo rural formado alrededor de la estancia El Talar. Cada vez más personas elegían radicarse en esta zona, atraídos por su tranquilidad, el verde y su relativa cercanía con centros poblados importantes. Pero la realidad cotidiana tenía sus desventajas, en un pueblo en el cual había mucho por hacer, los servicios públicos escaseaban y la infraestructura pública (calles, saneamiento, etc.) era deficiente. Frente a esas necesidades muchas personas comenzaron a organizarse y ser motores de pequeños y grandes cambios en beneficio de la comunidad.

De ese modo se crearon varias instituciones, en un primer momento con objetivos concretos relacionados con el asfalto, la iluminación, y otros servicios; pero a medida que la población juvenil crecía, el tema educativo se posicionó entre las principales preocupaciones. En ese contexto fue que en 1953 se conformó la Comisión Pro Escuela Nº 20, y en el año 1963 la Comisión Pro Escuela Barrio Estancia (escuela Nº 14), abocadas a la instalación de escuelas primarias en el pueblo. Pero para garantizar la educación faltaba un elemento fundamental: Una biblioteca popular.

Si hoy las bibliotecas realizan un valiosísimo aporte en la promoción de la educación, la cultura y la socialización, en aquellos años eran directamente indispensables. En un mundo en el que no existía internet (y tampoco había computadoras en los hogares), el acceso al conocimiento a través de libros en formato papel era clave. A su vez, no todas las familias tenían los recursos económicos necesarios para afrontar el costo que conllevaba la compra de una mínima cantidad de libros, diccionarios y enciclopedias. Por eso, el hecho de que las personas pudieran disponer de gran cantidad de ejemplares para consultar y leer libremente marcaba la diferencia en las posibilidades de acceso a la educación de una comunidad.

Tal es así, que en el año 1949 la UNESCO emitió el “Manifiesto sobre la biblioteca pública”, en el que animaba a las comunidades a emprender la tarea de crear bibliotecas públicas, dado su rol clave en el afianzamiento de la democracia, en la difusión de ideas, y en la educación. Con ese espíritu, diferentes personas buscaron crear una biblioteca en el pueblo de General Pacheco, e impulsaron iniciativas o plantaron el debate. Por ejemplo, en el año 1968 podía leerse en una columna de opinión del Diario local Fomento la idea de crear, dentro de la flamante Escuela Nº 20, una biblioteca pública señalando que la misma “ …llenaría una imperiosa necesidad en General Pacheco, El Talar, y zonas de influencia (...) cientos de estudiantes se sentirían muy agradecidos y también muchos adultos, que manifiestan el sano hábito de la lectura, con el propósito de entretenerse o de capacitarse más”.

En ese contexto, el vecino y comerciante Luis Rosales, dueño de la librería “Emiliano”, ubicada frente a donde hoy está el hospital de General Pacheco, comenzó a reunir a distintas personas detrás de la idea de construir una Biblioteca Popular en General Pacheco. Rosales era un hombre de unos 35 años, que tenía conocimiento de libros por su afición a la lectura y su trabajo en librerías, además de haber cursado algunos años la carrera de Derecho y, si bien no era vecino originario de General Pacheco, sintió el impulso de plantar una semilla en el pueblo que lo albergó por unos años.

Resulta llamativo, sin embargo, que pese al protagonismo en la gestación e impulso de la idea, prácticamente no existen registros que destaquen su rol, dado que no formó parte de las comisiones directivas ni buscó que su nombre quede plasmado en la obra. “Rosales era una persona bohemia, idealista, soñadora, pero tenía una idea muy clara de lo que quería y supo rodearse de gente para llevarla a la práctica en muy poco tiempo. Armó la comisión, trabajó en la Biblioteca atendiendo el mostrador, fue el primer director, y al poco tiempo se fue de Pacheco. Era una persona de ideas y de acción. Un personaje maravilloso que logró, en la medida de las posibilidades del lugar, lo que quería”, comenta Marta Pedemonte, vecina de General Pacheco, socia de la Biblioteca y colaboradora en la Comisión Directiva durante varios períodos.

De la idea a la acción

Entre las personas elegidas y motivadas por Luis Rosales se encontraba otra que fue fundamental para el desarrollo de la idea: Enrique Innocenzi, director del Diario local Fomento. Desde ese diario, en el año 1969, se impulsó públicamente un movimiento social en pos de lograr tal objetivo, teniendo como estrategia inicial promover un “desafío” comunitario titulado “General Pacheco debe tener biblioteca popular”. Por su parte, José Egozcue, párroco de la iglesia local, también prestó una destacada colaboración para reunir la colaboración de los primeros vecinos, entendiendo la necesidad local de acceso a los libros de estudio.

Diario Fomento. 15 de Marzo de 1969.

El “desafío” planteado rápidamente consiguió adhesiones, y el 15 de marzo de 1969 el diario titulaba “Tendremos Biblioteca Popular” en donde se leía “Los abajo firmantes como vecinos de General Pacheco y zonas de influencia, consideramos necesario manifestar nuestro apoyo a la campaña iniciada por el Diario Fomento en pro de la creación de una Biblioteca Popular de General Pacheco.
Entendemos que es de suma urgencia suplir la falta de una institución tan importante como la Biblioteca Popular en una localidad que como General Pacheco ocupa un lugar de preponderancia por su desarrollo comercial e industrial.
(...) nos comprometemos desde ya a colaborar en todos los aspectos organizativos de la misma y al mismo tiempo invitamos a la población a adherirse a tan importante iniciativa y colaborar sin distinción de sectores, banderías ni posiciones. En esta gran cruzada a la que nos comprometimos nadie debe permanecer ajeno.”

Con ese empuje inicial, a las pocas semanas, la comisión promotora convocó a una asamblea en la Asociación de Fomento de General Pacheco, para el 18 de abril a las 20hs. momento en el que se dio inicio a la institución, con el nombre “Juan José Castelli”, propuesto por Luis Rosales. “Rosales eligió a un soñador, revolucionario, orador, que se preocupó por la educación…que tenía muchas cualidades con las que él se identificaba”, reflexiona Marta Pedemonte. (ver recuadro “El por qué del nombre”).

EL POR QUÉ DE SU NOMBRE

Fue el 18 de abril de 1969 cuando en la asamblea permanente se elige el nombre que representaría la biblioteca Popular de General Pacheco. Entre la propuesta surge Juan José Castelli, quién finalmente es escogido por mayoría de votos. ¿Por qué él? Quién fue Castelli?¿Qué hizo?

Juan José Castelli nace en Buenos Aires el 19 de julio de 1754, fue graduado en filosofía y teología y estuvo al tanto de las corrientes modernas del pensamiento filosófico y político europeo, especialmente de aquellas llegadas de Francia.

Fue en la Universidad de Charcas dónde se formaría como abogado, y afirmaría su espíritu y su convicción revolucionaria y emancipadora. Debido a sus condiciones: inteligencia, estudios profundos de derecho, escritura correcta, claridad, argumentación, lógica, exposición convincente, es considerado uno de los abogados más destacados de la época en la ciudad de Buenos Aires.

Es Castelli, entre otros, quién se ha dispuesto a trabajar en el cambio político de estos países realizando su tarea dentro del círculo en lo cual se desempeña.

Fue colaborador del telégrafo mercantil, el semanario de agricultura industrial y comercio y dirigió junto a Belgrano el censo de comercio, divulgada por estos medios ideas que despertarían a la dormida población indígena de América.

Fue Castelli uno de los primeros en apreciar el derrumbe del régimen español en el plata y quién junto a Rodríguez Peña y Vieytes consideró llegada a la hora de la Revolución. Las ideas expresadas por este grupo de patriotas se resumen en las palabras: tolerancia, cosmopolitismo, igualdad, Liberación.

Fue Castelli quién el 20 de mayo se dirige al Virrey para plantear la situación imperante, al igual que fue el elegido como orador para hablar en nombre de todos el día 22 de mayo en el Cabildo abierto, sus argumentos tuvieron una fuerza jurídica indudable: a los españoles no les quedaba otro camino que apelar al sentimiento, pero no lo lograron. Fue nombrado junto a Saavedra para integrar la junta creada por el Cabildo el 24 de mayo, y que se disolvió al día siguiente.

Partió posteriormente al Alto Perú y le tocó cumplir la orden de fusilar a Liniers. Inició luego su viaje al norte donde junto con González Balcarce dará a la revolución el primer triunfo: Suipacha. Después de la derrota de woki fue procesado, recibió ataques, fue censurado y difamado, su enfermedad se agrava y el 12 de octubre de 1812 muere como muchos otros grandes hombres de nuestra patria, solo y sumido en la pobreza, y la tristeza, después de haber dedicado su vida al ideal de la libertad.

La primera Comisión estuvo formada por:
Presidente: Enrique Innocenzi
Vicepresidente: Alfredo Enz
Secretaria: Sylvia Ruiz de Rattier
Prosecretaria: Irma R. Benassi de Spinelli
Tesorera: Mónica Raposo.
Pro tesorera: María Cristina Fuentes.
Vocal 1º: Jorge A. Scalvini.
Vocal 2º: Edgard A. A. Córdoba.
Vocal 3º: Omar R. Denardo Maggi.
Vocal suplente 1º: María T. Pinciroli de Pignolo.
Vocal suplente 2º: Horacio Veiguela.
Vocal suplente 3º: Rita M. del Huerto Guiguez de Fernández.

Asimismo, los socios fundadores que llevaron los primeros 10 números de carnet fueron: José Egozcue (Nº 1), Enrique Innocenzi (Nº 2), Alfredo Enz (Nº 3), Silvia Ruiz de Rattier (Nº 4), Mónica Raposo (Nº 5), José Scalvini (Nº 6), Edgar Córdoba (Nº 7), María Cristina Fuentes (Nº 8), Horacio Vigela (Nº 9), Lidia Bernasconi de Quiroga (Nº 10).

Con la comisión en marcha y los primeros socios, el siguiente paso era concretar materialmente la idea, y para eso se necesitaba un espacio físico donde pueda funcionar la institución. Para eso, la comisión se había puesto una ambiciosa meta: había que conseguir un espacio e inaugurar la biblioteca el 20 de junio, día de la bandera (es decir, en escasos 2 meses desde la primera asamblea).

Y cumplieron. Al poco tiempo se encontró un local en alquiler y el vecino Constantino Dagna (que en ese momento era Delegado Municipal) accedió a ser garante. Así, el 20 de junio de 1969 se inauguró la biblioteca - que ya tenía reconocimiento municipal como “entidad de bien público” - en un local de 40m2 en la calle Santiago del Estero 262. Por algunos años esa fecha fue considerada como fundacional de la institución.

Paralelamente, se hicieron gestiones para la adquisición o donación de libros. La primera donación fue realizada por el propio Luis Rosales, a través de su librería “Emiliano”, que se comprometió públicamente a donar 250 libros nuevos con destino a la flamante Biblioteca, buscando que otros sigan su ejemplo. Pronto se recibieron donaciones de la Tienda “La Gloria”, del Frigorífico Rioplatense, y de los vecinos Marco Baldi y Constantino Dagna. Por su parte, la empresa Ford también realizó una importante donación de dinero.

“La idea de Rosales era que la Biblioteca no necesariamente tenía que ser grande, pero sí tenía que tener textos novedosos, información nueva. Para lograrlo, se empezaron a ofrecer “bonos-donación” para recibir la colaboración de los vecinos del pueblo. Los domingos se armaban mesas para que las personas puedan llevar libros para donar; inclusive algunos que tenían bibliotecas particulares (que no eran muchas) donaron parte de sus bibliotecas. Además, Rosales - conocedor del tema - armó una lista de libros y mandó a la gente que ya estaba trabajando en la comisión (Silvia Ruiz, Carlos Rattier, Monica Raposo, entre otros) para que vayan a las empresas con esos listados. Así, las empresas tenían la opción de donar el dinero para comprar libros, o anotarse los libros que iban a comprar. Por suerte la idea prendió mucho en Pacheco y así se armó la biblioteca”, cuenta Marta Pedemonte.

Luego de unos pocos días de organización, el 2 de Julio se dió inicio al servicio de préstamo de libros - que alcanzaban los 1.700 volúmenes -, y desde mediados de ese mes el servicio comenzó a prestarse en un horario llamativamente extendido, lo cual da cuenta del entusiasmo de los promotores y la necesidad de la comunidad: era de lunes a sábados de 9 a 13 y de 14 a 22hs. El 6 de noviembre la Biblioteca es reconocida por la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares, contando de esta manera con la protección de la ley Nº 419 y el subsidio anual que ésta otorga.

Si bien el local era chico, se había armado con mucha dedicación y fue muy bien recibido por los vecinos del pueblo. “El local era muy prolijo. Estaba todo ordenado. Tenía estanterías de metal. De repente entrabas y veias los diccionarios de 12 tomos, con todos los lomos iguales, como las bibliotecas veía en las revistas, en los diarios.. además sentir el olor a libro nuevo, me parecía maravilloso. Estaba en el paraíso. El local adelante tenía un mástil sobre dos escalones, con su bandera que se veía a la distancia.” recuerda Marta Pedemonte.

Por su parte, Marta Migliore, actual directora de la Biblioteca, recuerda la experiencia de ir a la Biblioteca durante sus años de escuela: “Era toda una salida. Era salir con los compañeros, en grupo a buscar información para trabajos especiales, sobre todo en primaria. En ese momento la escuela primaria no tenía biblioteca, después en la secundaria si, había una chiquitita, muy acotada. En la secundaria la usábamos un poco menos, pero la usamos.”

Además del préstamo de libros, en la Biblioteca se empiezan a ofrecer talleres de ajedrez, teatro, dibujo e inglés. “Cuando se abrió la Biblioteca mi mamá me anotó en todos los cursos. Era bueno, era nuevo, en ese momento no había nada en Pacheco” cuenta Roberto Fernandez, actual Presidente de la Biblioteca. Asimismo, se realizan otras actividades como ser conferencias (la más importante el 19 de diciembre a cargo de uno de los periodistas más renombrados de la época: Bernado Neustadt) y “cine-debate”, los viernes a la noche.

Anuncio Conferencia de Bernardo Neustadt
Diario Fomento 12/12/69

Convocatoria al Taller de Ajedrez
Diario Fomento 16/08/69

Al finalizar el año 1969 se realiza una Asamblea para elegir nuevas autoridades, recayendo la presidencia en el Sr. Jorge Alberto Buraschi, quien sería presidente por doce años. En ese momento Rosales se aleja de la institución y se va de General Pacheco. “Su objetivo ya estaba cumplido y habría considerado que su misión ya había terminado. Él sabía a quién le dejaba la Biblioteca: Buraschi era el presidente del Rotary Club de General Pacheco, era joven, una persona emprendedora, y estaba en comunión con las ideas de él de apoyar la educación”, cuenta Marta Pedemonte. Para aquél momento, la Biblioteca ya contaba con 2.000 libros para ofrecer a la comunidad, y había sumado 485 socios.

Con este crecimiento, se comenzó a pensar en un espacio físico mejor. Los promotores de la Biblioteca ya habían vislumbrado un gran predio fiscal en la esquina de Córdoba y Salta, frente a la plaza; el cual, según el plano del primer loteo del pueblo realizado en el año 1927, había sido reservado para la construcción de una iglesia, algo que no se concretó quedando el terreno sin destino aparente. De esta manera, y con el visto bueno del Municipio de Tigre, se elevó la solicitud a la Provincia de Buenos Aires para instalar allí la biblioteca, gestión que arrojó un resultado positivo.

El 12 de octubre de 1970 - al cumplirse 158 años de la muerte del Dr. Juan José Castelli - se formaliza la tenencia del terreno, aunque había sido otorgado “de palabra”, en un acto en el que se realizó la bendición del izamiento de la bandera. Allí, el por entonces presidente Buraschi señalaba “... estamos humildemente convencidos de que esta es una obra patriótica, y que el patriotismo no se acaba con nuestros próceres, sino que es una obligación de cada argentino y cada día. … Se tratará de comenzar con un pequeño local que reemplace el que actualmente se alquila. Una etapa posterior será la construcción de salones de lectura para adultos y niños, y para reuniones de las entidades de bien público, salón de actos para conferencias, conciertos, debates educativos, teatros, etc…”.

Pero el entusiasmo y compromiso social que reinaba les permitió soñar aún más, lo que podía notarse en las palabras de Buraschi quien se animaba a desafiar a la comunidad con la posibilidad de instalar en el predio “un Museo de Ciencias Naturales, un pequeño Observatorio Astronómico o un Salón para Muestras de Arte” ¿Por qué no?. En cualquier caso, su discurso finalizó con una sensata reflexión en la que se podía extraer con claridad que la Biblioteca podría llegar tan alto como la comunidad de General Pacheco y El Talar quisiera: “Queremos también que la comunidad tome conciencia de que la obra que se realice es para ella, para que General Pacheco y El Talar tan conscientes de su acelerado crecimiento y potencialidad, y tan orgullosos del futuro brillante que les espera, acepten el desafío que implica una obra que demostrará tanto o más que una industria, el grado de madurez que ha alcanzado”.


Anuncio de la colocación de la primera placa en el terreno de la Biblioteca

Diario Fomento 15/10/69

La construcción del edificio

Así las cosas, con el terreno a disposición, la comisión directiva debía encarar una nueva y ardua tarea: la construcción del edificio. En una primera etapa se proyectó un espacio destinado a salón de lectura, depósito de libros y sanitarios. Luego llegaría el turno de un salón de actos, a continuación del anterior y, finalmente, un quincho destinado a peñas, reuniones y cursos. El proyecto, de estilo colonial, fue realizado gratuitamente por el Sr. Héctor Cipitelli.

De este modo comienzan las gestiones, para lo cual se contó con la ayuda de muchas personas que donaron materiales, dinero, y/o su tiempo para trabajar. La obra comienza en 1971 y fue, como todo, a puro pulmón. Mientras se hacían los eventos para recaudar fondos, en el predio de Córdoba esquina Salta comenzaban a verse levantar las primeras paredes de lo que sería un salón de 12 metros de ancho, por 9 metros de fondo. Con la ayuda de solo un albañil, Armando Rodas, a veces acompañado por su hijo Valentín, miembros de la Comisión Directiva y socios se hacían el tiempo para acercarse a trabajar, generalmente los fines de semana.

Publicidad Peña Folclórica
Diario Fomento 28/02/70

Publicidad presentación de Jorge Cafrune
Archivo Biblioteca J.J. Castelli

Roberto Fernandez, actual presidente de la Biblioteca recuerda “Yo lo he visto a Buraschi levantar baldes con cemento. Todos trabajaban. Nosotros teníamos un carrito con un amigo, juntábamos botellas y diarios que llevábamos a mi casa - que era un despelote - y mi papá los llevaba con una F-100 para venderlos. Con eso comprábamos ladrillos. La puerta principal la consiguió mi papá en una demolición. La pintó Adolfo “Poroto” Stemberg, y en los últimos años cada vez que entraba acá se ponía a llorar. También ayudó Saravia, que tenía sus espectáculos en los que él hacía de Jesucristo, Rosas o Güemes… todo gratis para juntar plata para las instituciones. E íbamos todos. No importa si lo habíamos visto en otro lado, íbamos igual. Se hacían en la confitería Judyth, en la Iglesia, en el club Pacheco, que tenía el teatro.


Agradecimiento a colaboradores

Diario Fomento 09/05/70

Los eventos para recaudar fondos reunían a toda la comunidad y eran de lo más variados. Lo más difícil fue juntar dinero para construir el techo, y gracias a un contacto se consiguió que el reconocido folclorista Jorge Cafrune hiciera una presentación en el Club Pacheco, a beneficio de la Biblioteca. Con aquél último envión, el 22 de enero de 1972 se finalizó el techo y el 1º de mayo comenzó la mudanza del mobiliario y de los ya más de 8.000 libros.

Construcción del primer edificio
Foto: Archivo Biblioteca J. J. Castelli

Construcción del primer edificio
Foto: Archivo Biblioteca J. J. Castelli

Construcción del primer edificio
Foto: Archivo Biblioteca J. J. Castelli

Foto aerea del primer edificio
Foto: Archivo Biblioteca J. J. Castelli

La inauguración se realizó el 20 de junio de ese año, en el marco de una serie de eventos realizados por el día de la bandera. Dicho acontecimiento se inició a las 11hs con discursos de una integrante de la Comisión Fundadora, Sra. Sylvia Ruiz de Rattier y del presidente de la institución Jorge A. Buraschi, luego se celebró con un Vino de Honor a las 12:30hs., Fiesta Criolla a partir de las 15hs. y una Peña Folclórica desde las 17hs.

A partir de entonces la biblioteca obtuvo “su” espacio para funcionar, gracias al apoyo de una singular cantidad de socios - que superaban los 750 - y de instituciones, lo cual fue retribuido, no solamente con su servicio como Biblioteca Popular, sino también prestando las instalaciones a entidades como Rotary Club, Alcohólicos Anónimos y Liga de Padres de Familia entre otras para que realicen sus reuniones y eventos. Para esta época, en paralelo, se multiplicaban actividades: cine-debate, fogón criollo, y cursos de varias disciplinas.

Cabe no obstante advertir, que si bien la nueva Biblioteca ahora se ubicaba frente a la plaza “principal” de General Pacheco, en aquellos años la plaza más que espacio público y centro de la ciudad, era un pastizal muchas veces olvidado, abandonado y peligroso. De hecho, estaba la creencia que el pueblo “terminaba en la calle Entre Ríos”, (justo antes que empiece la plaza) y el traslado de la Biblioteca, pese a estar a solo dos cuadras del primer edificio, era visto por algunos vecinos como un problema porque “se había mudado muy lejos”.

Dos años después, en 1974, comienzan las obras para ampliar el edificio, trabajo que termina en 1977 y se habilita en 1978. Nuevamente el mayor desafío era construir el techo, lo que se concretó con la colaboración del club de Leones. De ese modo se lograron 50m2 cubiertos más, que incluían una cocina y un depósito de libros, quedando el salón principal destinado a la lectura, conferencias y actividades sociales. “La construcción no paraba. Cuando se terminaba una parte, ya se pensaba que no iba a alcanzar y se comenzaba otra. No porque no alcanzara en ese momento, se pensaba a futuro”, recuerda Marta Pedemonte.

Cuando cumplía 10 años, la biblioteca contaba con 10.000 libros, instalaciones propias, reconocimiento de la Dirección Provincial de Bibliotecas Populares, de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) y también la representación de la Asociación de Bibliotecas de Zona Norte. Para ese momento en su comisión directiva ya se entremezclaban los “fundadores” y nuevas personas que con el correr del tiempo se fueron involucrando más en el desarrollo de la institución.

Durante 1981 se contrata un bibliotecario profesional lo cual, por un lado, permite cumplir con la exigencia de la Asociación de Bibliotecas Populares de la Provincia de Buenos Aires y así obtener una subvención mensual, clave para el sostenimiento mínimo de la Biblioteca. Por otro lado, se comienza la actualización de los procesos técnicos, siendo prioritaria la tarea de confección de los catálogos de autor, título y materia, para lograr una localización más rápida del material, así como mejorar el orden del mismo en los estantes.


Acto de entrega del predio

Foto: Archivo Biblioteca J. J. Castelli

El 25 de mayo de 1982, sucede un hecho que permitió dar plena seguridad a la comunidad de que la Biblioteca había echado fuertes raíces. En un acto público, el entonces intendente Ricardo Ubieto firmó la ordenanza N° 334, mediante la cual se efectúa la donación definitiva del terreno. Es a partir de este año que el doctor Buraschi se aleja de la presidencia de la comisión directiva, con dos grandes objetivos cumplidos que garantizarían el buen funcionamiento y desarrollo de la institución: la propiedad del terreno y el subsidio mensual de la Asociación de Bibliotecas Populares de la Provincia de Buenos Aires.

Buraschi cede su cargo a Fortunato Vinci, quién fue acompañado por Pablo Popper como vicepresidente. En el año 1985 vuelve a haber cambios de comisión directiva, la presidencia es ocupada por Pablo Popper acompañado por Juan Carlos Cattarouzolo y Fortunato Vinci como tesorero.

En este año se realizó la inauguración de la última etapa de ampliación del edificio principal, en donde se ubica actualmente la atención al público y el depósito de libros. El antiguo depósito de libros se transformó en salón de usos múltiples, y fue cedido para reuniones del Rotary Club, del Club de Leones, y el dictado de cursos.

Una nueva etapa

Finaliza la década de los ‘90, y las preocupaciones de la institución ya no están tan relacionadas con la construcción de instalaciones, sino en mantener lo construido y seguir prestando servicios a la comunidad. Paralelamente, cabe mencionar que mientras crecía la Biblioteca, General Pacheco se transformaba, dejando atrás definitivamente su ambiente pueblerino para ser una ciudad. El aumento de la población, sumado al contexto político y cultural de los años ‘80 y ‘90 se reflejan en una merma en la participación de los vecinos en la toma de decisiones y en el trabajo voluntario que había caracterizado los primeros años de la institución, lo que derivó en una sobrecarga de tareas en la Comisión Directiva y algunos socios.

Sin embargo, fue una época con mucho movimiento, en particular por la creciente cantidad de alumnos en las escuelas que necesitaban consultar libros para sus estudios, en tiempos que todavía internet no se había expandido. Para atender esa demanda la institución llegó a tener cuatro personas empleadas: dos por la mañana y dos por la tarde; además de la directora de la Biblioteca y colaboradores. A su vez, continuaron y se renovaron diferentes cursos arancelados y gratuitos en los diferentes espacios que se habían construido en los años anteriores.

Haydée Herrera, quien trabaja en la biblioteca desde hace casi 35 años, recuerda el movimiento de aquella época: “los colegios siempre nos pedían hacer las visitas a la Biblioteca, venían en micro o caminando. Después venían chicos a buscar información y la sala se llenaba, sobre todo en época de la crisis 2001 porque las familias no tenían plata para comprar materiales. A veces no alcanzaban las sillas en la sala, y se iban afuera. Algunos se hacían socios y otros no, y hay personas que venían de chicos y después, siendo profesionales volvieron para hacerse socios

Entre las actividades que se realizaron en el predio, se destacó la de la asociación de Boy Scouts “Almafuerte”, a quienes se les prestó el lugar para que tengan su sede, al principio en un quincho y luego en una nueva edificación construida por ese grupo. A cambio, este grupo se ocupó del mantenimiento del parque y sembró los árboles que aún hoy rodean el terreno.


Grupo Scout "Almafuerte"

Foto: Archivo Biblioteca J. J. Castelli

En el año 1994 la Biblioteca cumplió 25 años y se realizó un evento (organizado con un año de anticipación) con la intención de reunir a la primera comisión y a toda la gente que hubiera participado de la gestación de la Biblioteca. “El más difícil de contactar fue Rosales, pero pudimos hacerlo. Cuentan que la persona que lo trajo dijo que se agarraba del alambrado y lloraba de emoción, él había conocido este lugar cuando era un terreno pelado, y le parecía increíble lo que se había logrado.” recuerda Marta Pedemonte.

Y continúa: “Se armó una mesa redonda en el salón y vino mucha gente, estaba lleno, incluso había gente en la galería. La conversación no necesitó de una moderación, solamente se hacía alguna pregunta, para tirar una palabra, pero ellos hicieron todo. Pasaban las horas y nadie se quería ir, estuvimos hasta muy tarde. Lamentablemente no quedó registro, ni oral ni escrito de eso.

A mediados de la década de los ’90 comienza la construcción de la última ampliación que tuvo el edificio: un nuevo salón destinado a múltiples actividades y con sanitarios independientes. Entre los usos que se le dio al salón se destaca la utilización por el Club de Dadores de Sangre, el ballet Folclórico Güemes y, como se verá a continuación, la adaptación para que allí funcione la Sala de teatro “Aparecidas”.

El Taller de Teatro

Si bien los talleres de teatro fueron una de las actividades que acompañaron a la institución casi desde sus orígenes, un hecho que marcó la década de los ‘90 y de alguna manera tuvo importantes efectos en el presente, fue la llegada y desarrollo del grupo de teatro “La Escoba”. Se trataba de un grupo de jóvenes que se habían conocido en el bachillerato de la Escuela Media Nº 1 de El Talar, quienes como actividad extra y con el entusiasmo de tres profesores, presentaron la obra “Drácula” en aquella institución en diciembre de 1991. Tal fue el éxito y la emoción del grupo, que, finalizado el ciclo educativo, buscaron la forma de continuar ensayando, y el lugar elegido fue el por entonces recientemente construido anfiteatro de la plaza de General Pacheco.

Con el correr de los encuentros y ensayos, el grupo de actores se fue consolidando, y a mediados del año 1992 se acercaron a la Biblioteca a pedir un espacio para desarrollar su actividad. “Vinimos a preguntar a la biblioteca, pensando que nos iban a decir que no, y nos dijeron que si! Probablemente porque éramos muy conocidos ya, se había generado un fenómeno en la plaza de gente haciendo teatro, cantando, se escuchaba la música de Drácula que era muy llamativa... Una vez hicimos la obra en la plaza y desbordó de gente, era una locura. Impresionaba.” cuenta Alejandro Rumberger, co fundador de "La Escoba" y actual director de la Sala “Aparecidas”.

El grupo de teatro empieza a ensayar en el salón de lectura de la biblioteca, pero cuando el clima lo permitía también lo hacían en el parque. “Hicimos presentaciones afuera. Había unos árboles gigantes, colgamos unas telas y para que aparezca Drácula poniamos unas escaleras... Las obras fueron muy masivas.” recuerda Alejandro.

Luego, con la salida del grupo Scout “Almafuerte”, la actividad de teatro se instaló en la casa que había quedado liberada. Con el tiempo comenzaron a profesionalizar su actividad, estudiando en diferentes escuelas y crearon formalmente la escuela de teatro “La Escoba”.

Paralelamente, en el año 1996, en uno de los salones de la Biblioteca miembros del grupo de teatro instalaron un centro de alfabetización. “Eso fue muy interesante. Teníamos un trabajo social y artístico que se iba mezclando. Con mi pareja de entonces habíamos hecho un curso de alfabetización en distintos lugares, y dijimos “bueno, hagámoslo acá”. Hicimos una encuesta en el bajo de Pacheco con un montón de gente de la UBA, y daba el 16% de la población analfabeta. Fue una sorpresa. Vino mucha gente, muchos adultos”, comenta Alejandro.

Entre 1992 y 1999 “La Escoba” funcionó “gratis”: los docentes no cobraban sueldo, ni la Biblioteca cobraba dinero por el uso del espacio; y en el año 1998 fue destacada por la Comisión Directiva de la Biblioteca por la trayectoria y el desarrollo cultural. Pese a ello, a comienzos del año 1999 les informaron que no podían continuar con el taller, desatando uno de los conflictos públicos más grandes que afrontó la institución. “No entendíamos nada. No aceptamos, no nos decían por qué. Resistimos durante 2 meses e hicimos una marcha el 29 de mayo de 1999. Convocamos mucha gente, se llenó de gente, apoyándonos. También hicimos una carta pública contando nuestra historia y nuestra desolación y el pedido de acompañamiento”, cuenta Alejandro. Finalmente, para evitar problemas mayores el grupo se retiró del lugar.

Si bien esa etapa del grupo teatral terminó de la peor manera, algunos de sus integrantes - que no dejaron de hacer teatro y de capacitarse - volvieron a reunirse y en el 2003 crearon la Compañía Teatral Ismobabón, que desde el 2007 funcionó en el Club Pacheco. En ese tiempo, la Biblioteca estaba a cargo de una nueva Comisión Directiva, que había iniciado en el año 2005, y la actividad de teatro paulatinamente volvió de la mano de esta compañía teatral, primero presentando alguna de sus obras, y luego, en el año 2009, transformando el salón de usos múltiples en una sala de teatro independiente, a la que bautizaron “Aparecidas”.

Con el correr del tiempo la Sala “Aparecidas” se consolidó como un importante polo cultural, materializando en parte lo que muchos años antes habían buscado desarrollar los vecinos fundadores de la institución: que además de cumplir su rol como Biblioteca, sea un “centro cultural” con varias disciplinas. Allí, se dictan talleres diversos de Teatro, Danza, Clown, Fotografía, etc. se realizaron (y realizan) espectáculos y festivales (como el Festival Regional de Teatro Independiente, el Festival Internacional Nuestra América, el Festival Provincial de Teatro Independiente), y pasaron por su escenario artistas de la talla de "El Tata" Cedrón, Teresa Parodi, la actriz mapuche Luisa Calcumil, y, por supuesto, artistas locales profesionales y amateurs.


Vista exterior de la Sala "Aparecidas"

Foto: Sala Aparecidas

La actualidad de la Biblioteca

Previo a hablar de los últimos diez años de la Biblioteca, conviene retomar al año 2004, momento en el cual se celebró un convenio con la Universidad Tecnológica Nacional, mediante el cual comenzaron a dictarse cursos de computación en una pequeña aula creada en un sector del salón de lectura. Luego, la Universidad acondicionó la casa que había construido el grupo Boy Scout e instaló ahí máquinas para el dictado de talleres de tornería y herrería, actividad que funcionaría hasta el año 2017.

Volviendo a lo que respecta a la Biblioteca propiamente dicha, en el año 2014 se retira la Sra. Laura Santili - quien fue directora durante casi 17 años - y la reemplaza Marta Migliore, profesora de Geografía y vecina de General Pacheco de toda la vida. “El 28 de febrero de 2014 terminé de ejercer como docente, y el primer día hábil de marzo ya tenía trabajo en la Biblioteca. Para mi fue como un regalo, un premio: terminar mi carrera docente y ya tener biblioteca para trabajar, en Pacheco y que estaba dirigida por personas que después me di cuenta que conozco desde mi adolescencia”, cuenta Marta.

Una de las primeras tareas que comenzó a realizar fue el armado de un Manual de Procedimientos, para que estén por escrito los criterios bajo los cuales se organiza el material de la biblioteca, para facilitar la búsqueda, y pensando principalmente en quienes en el futuro trabajen en la institución y deban recurrir a los catálogos. A su vez, y con el aval de la Comisión Directiva, se reorganizaron sectores y se concretaron varios proyectos con la colaboración de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), que permitieron mejorar las instalaciones, en particular las estanterías, mobiliario, y parcialmente el material informático.

En cuanto a la infraestructura, en el año 2019 se renovó el techo, una obra tan necesaria como costosa, ya que había filtraciones que llegaron a afectar a muchos libros. La obra estuvo a cargo del Municipio de Tigre, “no había forma que tuviéramos los recursos para eso. A nivel edilicio y de conservación de materiales fue básico. Un antes y un después para la biblio” señala Marta Migliore.

Respecto al material de lectura, hoy la Biblioteca cuenta con aproximadamente 35.000 libros, en su mayoría de ficción (novelas, cuentos infantiles, etc.), lo cual tiene que ver con un viraje en la función de las bibliotecas populares en general, y de la Biblioteca Castelli en particular, que se dio en los últimos años: al principio eran un apoyo escolar básico, y hoy se dedican principalmente a textos para el ocio, para la lectura por placer, dado el avance de internet y el mejor equipamiento que tienen las bibliotecas escolares.

En relación a la cantidad de socios, hace varios años se mantiene estable en aproximadamente 1.500, de los cuales poco más de la mitad asisten con frecuencia buscando material de lectura.

Pero siguiendo la política histórica de la institución, más allá del préstamo de libros en sí, la Biblioteca tiene como objetivo prestar diversos servicios a la comunidad a través de talleres a bajo costo o gratuitos, realizar actividades culturales de distintas disciplinas artísticas y ofrecer libremente a la comunidad el salón de lectura para estudiar o realizar trabajos. “La Biblioteca tiene una función social. Está insertada en una comunidad y tiene que hacer cosas para la comunidad. Hoy se hacen muchas actividades relacionadas con la lectura, se brindan espacios para talleres, y se prestan otros servicios; por ejemplo durante la pandemia se asesoró gratis a los mayores para sacar turnos, hacer trámites y demás. Eso es lo que tiene que hacer la Biblioteca, sin olvidar la actividad principal que tiene que ver con los libros”, comenta Roberto Fernandez.

A su vez, la Biblioteca orgullosamente mantiene, desde siempre, una política de puertas abiertas a toda la comunidad y a todas las ideologías, en cuanto no comprometan los objetivos de la institución. Al respecto, Marta Pedemonte destacó que “en las reuniones de Comisión Directiva estaba todo el espectro, y rara vez hemos peleado o discutido. El objetivo siempre fue mantener en pie la Biblioteca, tal vez eso hizo que perdurara. Habitualmente no nos enseñan a compartir y convivir con el que piensa distinto, por eso quiero reivindicar a la persona que ideó esto, porque a pesar de tener un pensamiento determinado se rodeó de personas sin importar su ideología partidaria, sino que compartan los objetivos de la Biblioteca en relación a la educación y la cultura, y eso se mantuvo en el tiempo”.

A más de cincuenta años de su fundación, el fuerte compromiso de vecinos y vecinas (ya sea perteneciendo a su Comisión Directiva, abonando la cuota social, o como colaboradores), y de sus trabajadoras, Haydée Herrera y Marta Migliore, permiten que las puertas de la Biblioteca sigan abiertas prestando servicios a la comunidad.

No escapa de esta conclusión reconocer el nuevo desafío que tiene la institución en poder interpretar y adaptarse a las nuevas realidades y necesidades locales (en permanente transformación), a la vez de sumar socios y colaboradores, para así poder mantenerse y continuar creciendo; lo que hoy representa una labor casi tan compleja como la encarada por los fundadores en los albores de la década del ‘70.

La historia demuestra, sin embargo, que la Biblioteca Juan José Castelli es una institución a la que no le importan cuán arduos o aparentemente “imposibles” sean los proyectos que encare: siempre que exista compromiso social y convicción, todo puede ser realizado y la institución podrá continuar funcionando y sorprendiendo en su crecimiento por muchos años más.

Vale el reconocimiento y agradecimiento a todas las personas que hicieron y hacen posible su existencia y mantenimiento, siempre al servicio de la comunidad.


La Biblioteca en la actualidad

Foto: General Pacheco Web.

 

Fuentes:
• Biblioteca Juan José Castelli, "Una corta Historia" (1972)
• Biblioteca Juan José Castelli, "20 años de historia" (1989)
• Entrevistas: Roberto Fernández; Marta Migliore; Marta Pedemonte; Haydée Herrera; Alejandro Rumberger.
• Diario Fomento, ediciones: 8 de Junio de 1968; 15 de Marzo de 1969; 12 de Diciembre de 1969; 24 de Enero de 1970; 9 de Mayo de 1970; 15 de Octubre de 1970; 28 de Abril de 1989

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