Viernes 4 de Diciembre de 2020

En una ciudad de crecimiento vertiginoso, y en un país caracterizado por intensos vaivenes económicos, sostener un emprendimiento más de cuatro décadas parecería ser todo un mérito.

El próximo 6 de Diciembre, la Papelera "Ceci", en la Santiago del Estero 111 cumple 44 años, y en la actualidad pasó a ser uno de los comercios con más trayectoria de la ciudad. En una tarde de Noviembre, conversamos con su dueño original, Juan Carlos Ceci y su hijo menor Leo, hoy a cargo del negocio. En la charla, que se centró en la vida de Juan Carlos, inevitablemente surgieron detalles memorables que son testimonio de los increíbles cambios de nuestra ciudad. Los invitamos a conocer un poco su historia, que forma parte de la historia de nuestra comunidad.

La relación entre Juan Carlos y Pacheco es de toda la vida. En el año 1943, a pocos días de haber nacido, llegó con su familia a su nuevo hogar en la calle Buenos Aires y las vías del ferrocarril, en un paisaje sumamente rural. Si bien al poco tiempo volvieron a la ciudad de Caseros por una oportunidad laboral que le surgió a su padre, sabían que sería algo temporal y que su destino estaba en estas tierras. "Conocíamos la zona porque acá vivían parientes de mi mamá y a mi papá le gustaba. Era un pueblo muy tranquilo y se lo mencionaba como al "Córdoba Chico", por el tipo de aire que había".

El anuncio de un remate de terrenos en Pacheco fue lo que necesitaba su familia, siempre atenta a las oportunidades, para convencerse, decidirse a volver e instalarse acá. "En ese remate mi papá, Pascual Ceci, compró la esquina de Santiago del Estero y Buenos Aires, donde hizo la casa - hoy son locales - y el lote donde están actualmente mi casa y el negocio. Pensar que en ese momento, si se estiraba un poco más podría haber comprado hasta el terreno al lado del club... después cuando creció Pacheco se arrepintió." recuerda Juan Carlos y agrega "Estos eran terrenos baldíos, solo estaba el club, que obviamente no es lo que es ahora, era una construcción chiquita."

En el año 1952, con un crédito hipotecario su familia pudo comenzar a hacer la casa y el 11 de Febrero de 1954 se pudieron mudar a la que sería su casa definitiva. Ya establecidos en Pacheco, su padre pudo entrar a trabajar en Teléfonos del Estado, gracias al dueño de la carnicería ubicada en Santiago del Estero y 197, de apellido Fava, que tenía conocidos en la Secretaría de Comunicaciones.

Como datos al margen, probablemente esa relación de Fava con la Secretaría de Comunicaciones, hizo particularmente importante a su carnicería que, además de ser la única, era uno de los dos lugares en Pacheco dónde había teléfono (el otro estaba en la estación de servicio YPF). Además, vale recordar que donde hoy funciona la Universidad Tecnológica Nacional, se encontraba Radio Pacheco, y el Ministro de Telecomunicaciones tenía su casa, en lo que hoy es el centro de convenciones de la Universidad.

"Fava tenía la carnicería, y viniendo por la vereda y a la altura del actual supermercado El Quesero tenía corrales. Este hombre tenía algunas vacas, caballos.. Ibas caminando y tenías ahí a los animales" recuerda.

En 1963, Pascual, el padre de Juan Carlos, empezó a pensar en su jubilación, y en base a la experiencia que tuvo a lo largo de su vida en la actividad comercial, decidió construir un local en su casa (donde hoy funciona la papelera) y abrir un comercio de venta de vinos, que ofrecía sueltos en bordalesas, en damajuanas y algunos envasados, y aceites sueltos que tenía en distintos tambores. Luego ese comercio se fue transformando en almacén.

Sin embargo, ya llegando a finales de la década del 60, su padre decidió cerrar el comercio, que solo abrió alguna vez para vender pizzas - una de sus especialidades - en ocasión de los corsos que se hacían sobre la calle Santiago del Estero para el carnaval.

A lo largo de la charla con Juan Carlos fuimos descubriendo en él una persona multifacética: se recibió de profesor elemental de piano, y por sus dotes como pianista, participó en una orquesta de Jazz varios años, ayudó a sus padres en el comercio familiar, trabajó en una mueblería, fue remisero, se dedicó al transporte escolar, trabajó en la famosa chocolatería Águila ubicada en el barrio de Barracas (en Buenos Aires), luego en una empresa metalúrgica de El Talar y, como si fuera poco, fundó uno de los comercios que hoy tiene más años funcionando en Pacheco.

"A mi siempre me gustó el comercio. Cuando tenía 12 o 13 años, en el mes de Enero me gustaba ir a Garín, ahi tenía otros parientes que tenían un almacén de ramos generales. Claro que en esa época era un pueblo más tranquilo que Pacheco, acá por lo menos teníamos la ruta, allá solo el ferrocarril; pero me gustaba ir y atenderlo. Mira vos, eran las vacaciones de verano y a mi me gustaba ir ahí a atender el negocio. Se ve que en parte había heredado los genes de mi viejo" recuerda.

Con el paso del tiempo, también pudo construir su casa, en el terreno que le regalaron sus padres a él y a su mujer Elba, al lado de su casa de la infancia; y dónde estaba ubicado el comercio familiar.

Aquel impulso por emprender su negocio propio le hizo pensar que podría utilizar el local - que como en toda casa cuando hay un lugar ocioso, ese espacio se había transformado en galpón -. Ya era el año 1975, la calle Santiago del Estero estaba asfaltada y se vislumbraba incipientemente mayor actividad comercial.

Mientras pensaba a qué actividad dedicarse, casualmente se reencontró con un ex compañero de orquesta en la salida del Banco Provincia, quien tenía un negocio del rubro de plásticos y descartables en Don Torcuato; conversando lo entusiasmó con el rubro y con su ayuda Juan Carlos se decidió a abrir la primera papelera de Pacheco.

Fue así que, el 6 de diciembre de 1976, con una lluvia torrencial, se volvió a levantar la persiana del local sobre Santiago del Estero. En la pequeña reunión inaugural, y para consolarlos por el mal clima, una vecina - que era como su segunda madre - le comentó a Juan Carlos un viejo dicho popular: "Cuando uno va a iniciar algo, si hay lluvia, es signo de buen augurio". "Algo de eso habrá pasado, van a ser 44 años." dice orgulloso.

Igualmente los inicios fueron difíciles. "Cuando te iniciás en algo, en lo que sea, es como el bebé recién nacido. Hasta que no empiece a caminar, no sabes cómo va a andar. Después pasamos muchas crisis.. en el 89 no comprábamos mercadería para no perder plata. Por suerte las pudimos soportar y seguir adelante. No todo es color de rosa. Y el mostrador no es para cualquiera, hay que tener paciencia, buen trato, estudiar bien los precios."


Calle Santiago del Estero.
Año aproximado: 1980

Hoy Juan Carlos y su hijo menor, Leo, aprecian los cambios que se dieron en la zona. "De adolescente tenía la barra de los que jugábamos al fútbol; después "los asaltos".. en el año '58, '60, no había nada para la juventud. En el club se hacían algunos bailes, pero no me llamaban la atención. Sí fui algunas veces al cine que había en el club." Por su parte, años más tarde pero con el mismo sentimiento de nostalgia, Leo recuerda " Nosotros en el '88, '89 jugábamos a la pelota en la calle, los árboles eran los arcos. Cortábamos la cuadra y nadie te decía nada."

Lógicamente, su calle también se fue transformando: "Pacheco de a poquito iba tomando ritmo. La carnicería que había sido de Fava, luego la compró un señor de apellido Aguilar, que la mudó a la esquina de Buenos Aires y Santiago del Estero. Al poco tiempo se puso el hijo de Aellen con vineria y aceitera, en la otra esquina; más allá había un bolichito, bar; luego vinieron más comercios, y el Supermercado Los Dos Pibes, varios años después" nos cuenta Juan Carlos. Y continúa: "Santiago del Estero se transformó en la calle más importante después de la ruta: Tiene el club, el colegio, la plaza, la delegación municipal. Pacheco generó expectativas en muchas personas, que se instalaron para vivir y trabajar. Tuvo un empuje muy grande con la Ford, Terrabussi y otras grandes empresas, la construcción de la panamericana, amén de la modificación que generaron los barrios cerrados."

Hoy, a 44 años de la decisión de abrir la Papelera Ceci, Leo se entusiasma con sutiles pero importantes reformas, que sin perder la esencia del negocio familiar, le permita seguir muchos años más con el mismo empuje que su abuelo y su padre.


El frente del local en la actualidad

  • Volver