» el baul de los recuerdos
Un lugar para compartir anecdotas y vivencias personales, articulos periodísticos y curiosidades sobre el pasado reciente de nuestra ciudad

18 de Noviembre de 2014

Entrevista a Rubén Maiola

Comerciante de muchos años, diácono en la Iglesia de Pacheco, pasó por diversas instituciones y hasta fue el primer radiólogo del pueblo.



Ruben hablando con nosotros

Nacido en Capilla de Señor, Rubén Maiola llegó a Pacheco en el año 1957. Sus padres fueron los fundadores de la panadería Las Palmas, que aún hoy funciona en la Av. Hipólito Yrigoyen, y allí fue su primer trabajo.
Años más tarde ingresó como preceptor a la Escuela Técnica de El Talar y comenzó su pasaje por diversas instituciones. Fue miembro de la cooperadora de la Escuela N°14; fue el primer radiólogo del pueblo, atendiendo en la salita de primeros auxilios (hoy Hospital de Pacheco) y buena parte de su vida la dedicó a la Parroquia Purísima Concepción, donde actualmente es el diácono permanente y se enorgullece al decir que perdió la cuenta de la cantidad de gente que ha casado y bautizado, “hace unos años llevaba más de 200, ahora ya no sé”, nos decia con orgullo.
Más allá de estas actividades - en general ad honorem - su principal actividad comercial fue atender su comercio de parabrisas y repuestos para el automotor durante 35 años en la Av. Boulogne Sur Mer, convirtiéndose en uno de los comerciantes de mayor trayectoria en la ciudad.

Con todos estos datos, nos pareció muy interesante conversar con él y compartir sus relatos con ustedes

¿Cuándo llegaste a Pacheco?

Vine a vivir a acá junto a mis padres cuando tenía 13 años, exactamente en el ´57, hace unos cuantos años. Con mi familia veniamos de Capilla del Señor, y cuando llegamos mi papá abrió la panadería Las Palmas. En el '68 esa panadería se vendió y volvimos a Capilla del Señor, también a trabajar con una panadería. Sin embargo, poco tiempo después, en el '72 volví a Pacheco.
En el año '74 comencé a trabajar de preceptor en la Escuela Técnica Industrial de Talar, que en ese momento se llamaba General Manuel Savio, y ahí estuve 14 años. También durante mis primeros años en Pacheco estuve participando en la Asociación de Fomento de El Talar en la cooperadora de la escuela industrial, porque se necesitaba alguien que se dedique a manejar los dineros de la escuela.
En el '78 aproximadamente me invitaron a colaborar en la cooperadora de la escuela número 14 y al año siguiente me pusieron como tesorero. En el año '80 , a través de la catequesis de mi hija mayor, comencé a trabajar en la iglesia de Pacheco junto a mi mujer, y ahí estamos hasta ahora. Mi vida fue prácticamente dedicada al servicio y lo sigo haciendo hoy. Actualmente en la iglesia soy diácono permanente, fui ordenado en el año 1999 y seguiré hasta los úlimos días, no puedo abandonarlo, es algo para toda la vida.

¿Por qué eligieron Pacheco?

Mi tío tenía una panadería llamada “El Caballito Blanco” en El Talar, en la calle Brasil y la ruta. Él entusiasmó a mi papá con la idea de venirse a vivir para acá. En un primer momento estuvimos viviendo en la panadería de mi tío, durante algunos meses, y luego cuando se terminó de construir la panadería Las Palmas vinimos para Pacheco. Viví un pequeño desarraigo pero acá hice amigos desde el primer momento. Al poco tiempo me sumé al equipo de básquet de la Asociación de Fomento de El Talar y estuve en la comisión de básquet. Pertenecíamos a la Asociación Pilarense de Basquet y había que viajar una vez al mes, o cada 45 dias a Pilar para definir el sorteo de los partidos y demás, te imaginás que sin la panamericana y con pocos colectivos, ir y volver era toda una odisea.

Durante 35 años estuviste al frente del comercio autocer, cómo pasaste de una panadería a la casa de repuestos de autos?

En la panadería estuve hasta el '74, con mi papá, pero no quería saber más nada. Después salí de ahí y me metí en otro baile más grande todavía: pase a ser concesionario de La Serenísima repartiendo leche en la zona de Pacheco, Talar, Don Torcuato.. era un trabajo en el que tenía que estar mucho tiempo en la calle, y en el año '78 tuve un asalto muy muy difícil donde me tuvieron varias horas encerrado en la caja del camión, me golpearon y me gatillaron cuatro veces. A partir de ahí ya no pude seguir más con ese trabajo y me uní con mis suegros para abrir la casa de repuestos y parabrisas que estaba debajo de la casa de ellos, sobre la calle Boulgone Sur Mer. La mitad de mi vida la pase trabajando ahí, este año cumplí 70.

Qué recuerdos tenés de Pacheco en los primeros años?

Pacheco era hermosísimo, era otra epoca y éramos menos. Si vos te parabas en la iglesia y mirabas para el bajo Pacheco, eran todas casas quinta con lotes enormes, algunas quedan pero prácticamente se han llenado de casas. Ha venido mucha gente nueva. Cuando yo me vine a vivir a Pacheco, desde Las Palmas hasta la esquina, donde está La Burbuja, era terreno valdío, y enfrente, donde están los bomberos, era una quinta de flores que ocupaba toda la manzana, y fijate que hoy está llena de comercios.

Hablando de los Bomberos, te acordás cómo empezaron?

Si, ellos empezaron gracias a las gestiones de algunos vecinos entre los que se destacó Padre José Egoscue, que estuvo a cargo de la parroquia hasta el año '70, cuando ya se estaba haciendo el salón de abajo. Era bravo, a veces hacía sonar la cierna para traer a los voluntarios, que eran todos chicos jóvenes y venían rápido con ganas de ir a apagar algún incendio, pero cuando llegaban los ponía a trabajar para correr escombros y hacer cosas para la construcción!
El padre Egoscue también estuvo trabajando para la construcción de la biblioteca, él vino en el '63 – fue el primer párroco - y estuvo hasta el '70, pero en esos 7 años hizo un montón de cosas.

En esa época también se hizo la escuela 14, no?

Si, en esa época también se formó esa institución, que también fue hecha por la comunidad. Se hizo por medio de fiestas y eventos para juntar dinero. Yo estuve en la cooperadora unos tres o cuatro años, creo que hasta el '72 o '73, cuando me empezó a absorver más tiempo el trabajo en la iglesia. Era lindo trabajar ahí, porque el trabajo en una institución, si bien te ocupa tiempo, te hace encontrar con gente del barrio, y así entablé amistades que tengo hasta ahora, primero porque somos vecinos y segundo porque te une el trabajo.
Teníamos una política muy particular, cuando el presidente de la cooperadota me llamó para que trabaje con ellos, yo le dije que no tenia tiempo pero el me explicó que básicamente el trabajo era hacer un evento por mes, para juntar dinero y pagarle a un señor que hacía el mantenimiento de la escuela, así no teníamos que estar nosotros los fines de semana arreglando bancos, y haciendo otras tareas de mantenimiento. Eso estaba muy bueno porque el mantenimiento no dependía directamente de la disponibilidad de tiempo de los vecinos, sino que había alguien encargado de eso y nosotros nos ocupábamos de generar los fondos para pagarle. El encargado era un almemán muy bueno, que vivía en la calle Cabildo.

¿Qué eventos hacían?

Hacíamos festivales en los que participaban los chicos. No cobrábamos entrada, pero poníamos una caja para que la gente deje una colaboración. También hemos traído conjuntos folclóricos y varias cosas más, y eran muy importantes los asados. Había un señor que trabajaba en ASTARSA que hacía asados como para 300 personas, otros colaboraban en la caja y así, entre los vecinos hacíamos todos un poco.
Siempre hay que buscar las cosas que se necesitan, sin entrar en política, planteando simplemente: “necesitamos esto para hacer tal cosa”. Si lo conseguís bien y sino también, sin entrar en un juego político que pueda dar malos entendidos. Bah, eso es lo que pienso yo.
Y otra cosa que creo importante es que cuando alguien colabora con dinero y puede saber que esa plata que pone voluntariamente se concreta en una obra, se entusiasma para seguir, pero las cosas siempre tienen que ser transparentes, eso lo digo siempre. El que colabora no lo hace para que se publique su foto en un diario, pero sí es importante que se le demuestre que la colaboración que se brindó se tradujo en una obra.

¿Nos contás un poco sobre tu experiencia en la iglesia?

Si, como te decía comencé con mi mujer cuando mi hija mayor comenzó catequesis. Empezamos a trabajar con los jóvenes y nos pusimos a coordinar los grupos de confirmación. En ese momento esta era la única parroquia de la zona, no había ni en El Talar, ni en Los Troncos, entonces había confirmaciones de más de 200 jóvenes. Hoy es una alegría cuando te reconocen por la calle, o te dicen “usted me casó hace 10 años” y los ves con los hijos.. Además de ser diácono, toda mi vida fui un defensor de la familia, del contacto entre los padres y de los hijos con los padres.
Una de las cosas que recuerdo son las kermesses que haciamos para construir los salones donde hoy funciona la secretaría, enfermería y la bolsa de trabajo. Eso antes funcionaba en unas casillas que estaban en muy mal estado. Le hice una propuesta al padre Abel para construir nuevos salones, junté gente amiga y empezamos a hacer las kermesses y con lo recaudado construimos el primer salón de 100 metros cuadrados, que nos costó un montón, pero lo pudimos hacer.

 ¿Qué proyectos tiene la parroquia actualmente?

Ahora hay proyectos para ampliar los salones para dar misa, sobre todo para los domingos que el templo quedó chico y mucha gente queda afuera.. Igual hay que tener mucho cuidado porque el templo es un monumento provincial, al igual que la casa de los curas, que fue la primer escuela.

Además de lo que estás contando en un momento estuviste en el hospital de Pacheco, no?

Si, te cuento como fue eso! Donde está el hospital había una salita de primeros auxilios. En el año 1968 la cooperadora de la salita compró un equipó de rayos con todo el entusiasmo de la gente, pero en ese momento no había nadie que la sepa usar bien, cualquiera sacaba radiografías y vuelta por medio se rompía, entonces había que llamar a los técnicos. Tantas veces se rompió que un día los técnicos – que venían porque el equipo estaba en garantía - le dijeron al presidente de la cooperadora que no iban a venir más a menos que contrate a alguien que sepa usar la maquina.
En ese momento estaba cursando un terciario en radiología.  Una conocida de mi señora, que trabajaba en la salita, la encuentra en el colectivo y le comenta el problema que tenían con el equipo de rayos. Mi señora le dice que yo estaba terminando los estudios de radiólogo, asíque vino justo, fui a la salita y empecé a trabajar ahí. Aparte me venia muy bien para hacer las prácticas, en lugar de ir a capital. Venia muchísima gente, y muchas veces la radiografía no se cobraba. Estuve mas o menos 6 meses, luego le dejé el lugar al Dr. Ricardo López.

Para terminar, cómo ves a Pacheco hoy?

Como ciudad la veo muy bien, tiene algunos problemas como veredas rotas y el tránsito, pero más allá de eso estamos bien, hay servicios, un excelente grupo de bomberos y muchas instituciones que, desde el silencio, trabajan mucho.
A lo único que le tengo mucho miedo es que el día que haya cloacas – que por supuesto son muy necesarias – Pacheco se llene de edificios y desaparece la ciudad tal como la conocemos. Se que el proyecto está y hay muchos con el plano bajo el brazo esperando las cloacas para edificar 14 pisos, 8 pisos…, pero si se ponen edificios uno al lado del otro nos quedamos sin aire. Vos fijate que cuando yo vine a Pacheco se le decia “Cordoba chico”, justamente por el aire. De hecho, los médicos de Buenos Aires recomendaban a los asmáticos venir a Pacheco por la similitud del aire con el de Córdoba.
También recuerdo que el agua del arroyo Las Tunas era cristalina y la gente se bañaba, lo mismo con el Rio Reconquista, hoy no se puede ni pasar. Esperemos que eso se tenga en cuenta y cuidemos lo que tenemos, que no se mire solo la parte inmobiliaria, todos los intereses se pueden compatibilizar si tenemos cuidado. •

 




  • Volver