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Dijimos anteriormente que no sólo actuamos de acuerdo a como somos, sino que también somos de acuerdo a como actuamos Al cambiar nuestros actos obtenemos resultados diferentes. Todos los seres humanos, independientemente del idioma, al hablar hacemos afirmaciones, hacemos declaraciones, pedidos y promesas, etcétera. Estas acciones lingüísticas son universales. Ahora podemos observar el lenguaje y distinguir sus diferentes acciones cuando nos comunicamos.

LOS ACTOS LINGÜÍSTICOS

El hablar nunca es un acto inocente. Cada vez que ejecutamos un acto lingüístico adquirimos un compromiso y debemos aceptar la responsabilidad social de lo que decimos. En el caso de las afirmaciones, el compromiso social guarda relación con la necesidad de establecer de manera efectiva que la palabra se adecua a las observaciones que hacemos. Por lo tanto, cuando afirmamos algo nos comprometemos con la veracidad de nuestras afirmaciones ante la comunidad que nos escucha. Las afirmaciones tienen que ver con lo que llamamos normalmente el mundo de los hechos. Podríamos corroborarlas o mostrar evidencia.
Muy diferente de las afirmaciones es aquel otro tipo de acto lingüístico llamado declaración. Cuando hacemos declaraciones no hablamos acerca de los hechos de una manera descriptiva, sino que la palabra genera una realidad diferente, algo nuevo. Después de haberse dicho lo que se dijo, el mundo ya no es el mismo de antes. Fue transformado por el poder de la palabra.
Las declaraciones las encontramos en todas partes a lo largo de nuestra vida. Algunas veces son otorgadas por el lugar de poder o autoridad que nos da la misma comunidad, por el cargo o el rol que ocupamos, por ej. cuando el juez dice ¡Inocente!; cuando el árbitro dice ¡Fuera!; cuando decimos en nuestra casa…”Es hora de cenar”; cuando un jefe contrata o despide a alguien; cuando un profesor dice “Aprobado”; cuando una madre dice a su hijo “Ahora podes ver televisión”, en todas estas situaciones se están haciendo declaraciones. Y en todos estos casos, el mundo es diferente después de la declaración. La acción de hacer una declaración genera una nueva realidad. En cada uno de estos casos, la palabra transforma al mundo. Una vez que una declaración fue hecha, las cosas dejan de ser como eran antes; es la expresión más clara del poder que tiene la palabra, de que aquello que se dice se transforma en realidad; que la realidad se transforma siguiendo la voluntad de quien habla. (Dice nuestra tradición judeocristiana, que en el inicio sólo existía el verbo y que fue la palabra la que creó el mundo a través de sucesivas declaraciones. «Hágase la luz», declaró Dios, y la luz se hizo. - Génesis-.)
Las declaraciones tienen poder. Pero…Sólo generamos un mundo diferente a través de nuestras declaraciones si tenemos la capacidad de hacerlas cumplir.
Todos podemos efectuar determinadas declaraciones que pertenecen a este ámbito de autoridad personal y en cuanto ejercemos tal poder asentamos nuestra dignidad como personas. Cuando declaramos algo nos comprometemos a comportarnos de acuerdo a la nueva realidad que hemos declarado. Una sociedad de hombres y mujeres libres es precisamente aquella que reconoce y sanciona socialmente los derechos y la dignidad de las personas.

Hoy voy a referirme a dos declaraciones fundamentales:

La declaración del “No”

El decir “No” es una de las declaraciones más importantes que un individuo puede hacer. A través de ella determina su autonomía y su legitimidad como persona. En cuanto individuos, podemos no aceptar el estado de cosas que enfrentamos y las demandas que otros puedan hacernos. Este es un derecho inalienable que nadie puede arrebatarnos. En muchas ocasiones, sin embargo, el precio de decir que No es alto y depende nuevamente de cada uno pagarlo o no. Pero no olvidemos, aunque el precio sea alto, seguirnos ejerciendo nuestro poder de decir que no.

La importancia de la declaración “NO” en la vida cotidiana

Cada vez que consideremos que debemos decir No y no lo digamos, comprometemos nuestra dignidad. Cada vez que digamos No y ello sea pasado por alto, consideramos que no somos respetados, porque ésta es una declaración que define el respeto que nos tenemos a nosotros mismos y que nos tienen los demás. Es una declaración que juega un papel decisivo en nuestras relaciones de pareja, de amistad, de trabajo, con nuestros hijos, etc. De acuerdo a cómo ejercitemos el derecho a la declaración de No, definimos una u otra forma de ser en la vida. Es más, definimos también una u otra forma de vida.

La declaración de No puede adquirir formas distintas. No siempre ella se manifiesta diciendo "No". A veces la reconocemos cuando alguien dice “Basta!”, con lo cual declara la disposición a no aceptar lo que venía aceptando hasta entonces. Ella se refiere, por lo tanto, a un proceso en el que hemos participado y al que resolvemos ponerle término. También conocemos el No cuando alguien dice “Esto no es aceptable para mí”, y al hacerlo, le fija al otro un límite con respecto a lo que está dispuesto a permitirle.

La declaración de aceptación: el “Sí”

El “Sí” pareciera no ser tan poderoso como el “No”. Después de todo, la vida es un espacio abierto al Sí. Mientras no decimos que “No”, normalmente se asume que estamos en el “Sí”. Sin embargo, hay un aspecto extremadamente importante con respecto al Sí que vale la pena destacar.

Se refiere al compromiso que asumimos cuando hemos dicho Sí o su equivalente “Acepto”. Cuando ello sucede ponemos en juego el valor y respeto de nuestra palabra. Dado que sostenemos que somos seres lingüísticos, seres que vivimos en el lenguaje, se comprenderá la importancia que atribuimos al valor que otorguemos a nuestros “Sí”. Pocas cosas afectan más seriamente la identidad de una persona que el decir “Sí” y el no actuar coherentemente con tal declaración.

Esto es decisivo es el terreno de las promesas…. ¡pero de esto nos ocuparemos en la próxima!...