Ambiente
Miércoles 22 de Diciembre de 2021

Construyó una huerta en la estación de tren para dar un mensaje social

Guillermo Dines es trabajador ferroviario y decidió generar una huerta para mejorar su lugar de trabajo y generar impacto positivo en la sociedad. Cómo surgió, sus objetivos y expectativas.

Hay una frase que dice "sé el cambio que quieres ver en el mundo". Acá, en un pequeño espacio al costado de la - muchas veces olvidada - estación de tren de General Pacheco, Guillermo Dines, trabajador ferroviario, desde hace poco más de tres años puso manos a la obra con la idea de "aportar su granito de arena" a la sociedad. El modo que encontró fue haciendo una huerta, en un espacio que recuperó del abandono. "Acá había basura, rieles, pedazos de fierros, el terreno estaba lleno de piedras", nos comenta.

En la huerta de la estación hay decenas de variedades de verduras: choclo, batata, zanahoria, tomates, tomates cherry, morrones amarillos, morrones rojos, remolacha, ciboluette, lechuga, puerro, repollo, rúcula. Y se permite mostrar orgullosamente algunos resultados: "acá hay unos zapallitos verdes, que justo estaba sacando, mirá, decime si este lo encontrás en una verdulería...?". Además de las verduras también se encuentran algunas frutas, entre las que se destaca la planta de frambuesas que crece contra las rejas, con la expectativa que en algún tiempo cualquier persona que pase pueda llevarse "una frambuesa de la estación". Por último, se encuentran algunos árboles: de Mora (con el que un vecino ya hizo dulce), Maracuyá, Nísperos y Palta.


Guillermo sostiene orgulloso un zapallito recién cosechado.

Las palabras de Guillermo transmiten su entusiasmo y su profunda convicción de los beneficios de apostar al cultivo de alimentos. "No tiene nada de negativo, esto te lleva a hacer comida, practicás la paciencia, la constancia, aprendés que la comida la hacemos nosotros, que sale de la tierra y que después del trabajo viene el fruto. Nos hace valorar el trabajo, recuperar la cultura del trabajo. A un chico, le permite tener la experiencia que nosotros tuvimos cuando éramos chicos."

Pese a los innumerables beneficios que enumera, no se explica por qué no se multiplican las huertas en los espacios libres. "Hay cosas que están en la realidad tangible más allá de la ciencia y la economía. Más allá de la moneda, si el dólar, el peso o cuánto está un producto en China. A veces volviendo a lo sencillo, viendo el problema y tratando de encararlo desde la raíz solucionamos muchos males y no nos vamos por las ramas tratando de solucionar cosas menores, cuando la solución es la raíz. Es una metáfora de la planta. Si tenemos tierra, el agua... no sé por qué hay que pensar tanto."

Y continúa "Miralo por el lado de la ecología, el trabajo, los alimentos, los agrotóxicos, miralo por dónde vos quieras. Si querés mirarlo desde la estética, que es lo que yo le agregué, y funciona de maravillas. El hecho de embellecer la estación, que no tenía una parte verde linda y ahora la tiene y es un atractivo, funcionó. La gente ve los girasoles y dice ¡Wow!. Y esto contagia, y si contagia a un par de personas ya me doy por satisfecho. De hecho mi cuñado se puso a hacer huerta, el boletero de la tarde se puso a hacer huerta, y acá plantó rúculas. Un ferroviario con un montón de años de antigüedad no lo hacía y ahora lo está haciendo. Para mí, es una caricia al alma".


Las estrellas de la huerta: los girasoles en su esplendor

Cosecharás lo que siembres

Por eso, más allá de producir alimentos, la motivación más importante que tiene Guillermo es transformar, para mejor, una realidad. "La huerta es un mensaje", sostiene. A su vez, la mejora estética del espacio de la estación y la entrega desinteresada de verduras y plantines a quienes pasan y tienen interés, generó un intercambio de reciprocidades que cuenta con mucha emoción.

Así, por ejemplo empezó a generar un vínculo con un compañero de trabajo, con el que previamente no tenía mayor relación. "Un día viene y me dice "yo tengo muchos árboles, ¿querés?" "si!" le digo. Me trajo una docena de árboles: Apapaya, Palta y otros..." De esta manera, Guillermo descubrió que compartía espacio de trabajo con una persona apasionada por generar árboles. "Él se come una palta y te hace una plantita. Es unificar las cosas, el tipo no iba a hacer huerta, pero me trajo los árboles, algunos los plantamos y otros los dimos". También nos cuenta que cuando estaba plantando el árbol de palta otro compañero le dijo que iba a tardar "8 o 9 años en dar frutos". Conversando, llegaron a la conclusión que si él hubiese plantado un árbol cuando ingresó al ferrocarril, ahora estaría comiendo palta. "Es una buena reflexión. Yo no sé si las voy a ver, tal vez cuando me jubile venga a comer una palta, pero no me importa. Hay que hacer.", concluye.


En la huerta hay una gran variedad de verduras, frutas y árboles

El entusiasmo y la emoción de Guillermo al relatar su experiencia sólo es interrumpida por el paso del tren, testigo diario del crecimiento de la huerta. En su charla va recordando distintas acciones y vivencias. Entre ellas, recuerda que durante la pandemia sembró 30 limoneros que los fue regalando a distintas personas que aceptaban cuidarlos. "Yo después no me acuerdo más de la gente. Pero el que se lleva un limonero se va a acordar cuando coma los limones, que esos se los dieron acá, en la estación de Pacheco" y agrega "una vez otra señora muy humilde me dice "gracias, yo el otro día comí con eso". Si todos nos abocamos a acciones así sería fantástico. Es un poco cada uno".

También cuenta con mucha emoción que un vecino ferroviario le dió una herramienta para trabajar la tierra, que a su vez se la había dado su padre cuando tenía 15 años. "El tipo la tenía en la casa, vino y me la regaló. Tiene un valor... además que hoy este material no conseguis comprarlo. El valor que tiene es más allá del económico. Que te regalen esa herramienta te infla el pecho."

Sin duda, la iniciativa le generó muchas nuevas relaciones, entre las que destaca la amistad que entabló con un ingeniero agrónomo que casualmente pasó por la huerta. "Empezamos a hablar y nos hicimos amigos", cuenta. Con él diseñaron un sistema de riego que se inicia con una especie de huerta vertical por dónde circula el agua y alimenta a los pequeños plantines ubicados dentro de latas reutilizadas. Luego el agua sigue fluyendo por unos canales que con el manejo de unas improvisadas "compuertas" permiten regar toda la huerta.


El sistema de producción de plantines y riego fabricado con la ayuda de un vecino, ingeniero agrónomo.

Los inicios

La relación con el autocultivo de alimentos estuvo arraigada en la vida de Guillermo desde que él era pequeño. "En mi casa solo había que comprar pan, leche y carne, porque lo demás lo teníamos en la huerta del fondo. Todos colaborábamos. Allá tengo el rastrillo que me dió mi vieja, y me dijo "esto lo usabas cuando eras chico"". A lo largo de su vida pasó por varios trabajos y después de estar desempleado logró ingresar al ferrocarril, lo que describe como algo que le cambió la vida. "Acá es un mundo distinto. Es una comunidad, una familia. Lo dicen y lo vas comprobando. Tu trabajo lo sentís como tu casa, los compañeros como tu familia. Pasa eso, no sé por qué, pero pasa. Después empezamos a hacer cosas para mejorarle la vida a los demás, y en ese "hacer algo" se me ocurrió hacer la huerta".

Y agrega, "Uno está 8 horas en un espacio, todos los días. Pasa un tercio de la vida trabajando y es importante pasarla bien. No se si es tan importante la meta como el camino, en realidad creo que hay que tener presente la meta y disfrutar el camino". Por eso, pese a haberse criado y vivir en Morón, encontró en General Pacheco "su lugar". "No me quiero ir. Por más que tenga otra opción más cerca de mi casa, ya está, este es el lugar, es mi paraíso".


Un zapallo crece en la huerta

Naturalmente, los primeros pasos para crear la huerta los dió conversando la idea con sus compañeros, quienes si bien lo apoyaron, algunos lo desafiaron. "Al principio me pincharon diciéndome "ah! vas a hacer una huerta? agarrá la pala", o "vamos a ver si haces o no haces". Eso fue algo motivador."

Afortunadamente el proyecto se pudo concretar, pero reconoce que desde el origen, lo pensó y presentó como una actividad que trae múltiples beneficios, no sólo individuales. "Siempre hay que pensar dónde hacés la huerta, cómo la haces, y el motivo... Yo puedo hacer la huerta para llevarme las cosas para mi casa, o para compartir con mis compañeros ferroviarios, o con todos los vecinos. Puedo encararlo desde un punto de vista educativo, o decorativo también. Y si te digo que yo quiero hacer todo eso a la vez. Todos me apoyaron".

Igualmente, no faltaron los que presentaron dudas "Algunos compañeros pensaron, "bueno, ¿para qué lo haces? pudiendo no hacerlo, ¿por qué querés hacerlo? ¿dónde está "la papa"?" y yo les dije "no hay papa, la papa la voy a comer si sale". Es eso, nada más". Y agrega: "Es simple. Cuando salgan 4 tomates ya gané, ya está bien. Si hay otro que lo ve y aprende, gane dos veces."

Hoy, nos cuenta que la huerta le cambió las prioridades en cuanto al uso de su tiempo. "Antes hablaba por facebook, ahora desde que empieza la primavera estoy acá... ya fue, las redes no existen más. A veces me dicen que estoy desaparecido porque no estoy en las redes, y les digo "Yo estoy ahora abocado a un "proyecto de promoción de valores" y le pongo la foto con un zapallo gigante. "Ah bueno, te va bien!", me dicen".

Proyecto

Guillermo dice que la huerta "Es una iniciativa de una hormiga, un grano de arena", pero quiere ir un paso más allá. Por eso, está proponiendo recuperar otro espacio que hoy está en desuso del otro lado de la estación de tren para hacer un centro de creación de plantines para abastecer a otros lugares, con la idea que después se replique. "Hoy no hay una excusa para que no se pueda hacer, es barato, solo tiene que haber una decisión. Esto es trabajo. Ves que está la tierra, la semilla y hay que hacer el trabajo. Tenemos gente que no tiene nada que hacer ¿Qué podemos hacer? Hay que organizarlo. Además es un volver a reivindicar ciertos valores de los viejos y de los abuelos. Es un lugar de encuentro, de compartir."

Movido por esta inquietud, fue a visitar otros espacios similares en funcionamiento y asegura que, si bien se requiere apoyo económico y autorizaciones, es posible. "La huerta es algo que puede hacer cualquiera, pero se puede hacer algo mejor. Yo lo hice con nada, apenas con unos palos, una media sombra, manguera. Algo gaste acá, gratis no fue, pero el gasto fue mínimo. Es lo que quiero enseñar. Después si queres hacer algo bien proyectado, que abastezca a otras personas, necesitás más cosas, pero económicamente no es tanto. Un poco de caños, canillas, agua, una media sombra. Vale dos monedas."

Sin embargo, ese "norte" sabe que podrá llegar, o no, y en última instancia dependerá de decisiones que deberían tomar otras personas. Lo claro es que el espacio que construyó y hoy está vivo requiere su atención, y además de darle innumerables satisfacciones, ya puede contar impactos sociales positivos. "Esto funciona bien porque tiene un ingrediente secreto: la dedicación", destaca. Por lo pronto, Guillermo está en la estación todos los días hábiles por la tarde, y cualquier persona es bienvenida a acercarse para conversar o sumarse al trabajo diario."Quien quiera puede venir, aprender, hacer plantas, instalar esto en otro lado. Esto es colectivo."

En cualquier caso, seguirá con su aporte demostrando con hechos los beneficios de las huertas comunitarias. "Por dónde vos lo quieras ver, hacer una huerta está bien. El que no lo ve desde el lado económico, por lo menos se puede hacer algo estéticamente lindo. Y si no te importa, es comida, es trabajo... y digno. Encima lo que cosechás tiene otro sabor. De una punta a la otra, de las clases sociales... está bien para todos. Lo que no llegas a digerir es por qué no se hace. Y qué hacemos? lo hacemos!", concluye.


Siembra, cosecha y mates




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