» rincon literario

11/04/16

Elegía de los antiguos

Por Carlos Brid

Tres escalones de madera para pisar tierra
y en los albores la desmesura los recibió
con los ojos rojos de la sal y el cansancio,
de dormir sujetados a un pedazo de sueño.
Fueron los otros maderos los que condenaron
a estos `parias a pensar en no pensar en nada
un ancho azul de abismales fosas atravesaron,
todos juntos en silencio, en soledad incierta
un mar de nostalgias quedaba atrás
un mar de dudas le colgaban de las ropas
un estuario de desmesura los aguardaba
un puerto de idiomas extraños los recibía,
como a forasteros un domingo cualquiera.
Asi llegaron al puerto de Montevideo algunos
Y otros en la otra orilla, más salvaje aun
en el riachuelo de Buenos Aires
Prodigos en cerrar la boca y mirar dudando
le fue asignado un pedazo de desmesura
un sopor de verdes y humedales
sin brindis, sin mesas servidas
con cedulas que costaban menos que un hogaza
y así partieron, pero antes los dividieron en otros,
los otros van allí, los otros van allá
los otros van al sur y algunos otros van a l norte
a los nuestros, a los que dejaron la memoria
estampada en el orgullo islero
los mandaron al este, donde la desmesura era mayor
y aceptaron estos otros ese tiempo de nada
y fueron hasta donde la pajonales asustaban
y siguieron a los bajos donde todo era huella por horadar
donde el tigre, el fango y los ríos eran desmesura.
Esos otros que no eran distintos a los otros
tenían un fuego interior de dioses y llagas.
Entonces fue que en algún día de algún año
lejos de este tiempo, tan tímidos , tan brutos
se asentaron en las riberas de las conchas
allá donde más allá ,solo había leyendas y lunas
en el caserío mísero que la crecida destruía
en el follaje que no tenía poesía ni historia
sembraron lo único que tenían en su miseria,
el día a día y la sangre nunca resignada.
Fue hace tanto que lejos parece nada
fueron hombres y mujeres sin derecho a llanto
Y resistieron el desprecio de la desmesura
poco a poco, como si las estaciones fueran ciertas.
Y forjaron la hombría cuando en la repentina tormenta
el verde cruel se llevaba a alguno.
Fue hace tanto que lejos parece nada.
Pero el tiempo que parece ausente
guardo para estos parias algunos mármoles
y atravesó los años con esos otros que ya no están
pegados a la cola del recuerdo
como una cometa que tiene designo de cielo.
La eternidad apadrino sus nombres
y los libros que vinieron después
los evoca en doradas letras.
Por ellos hoy la desmesura es un recuerdo
en alguna calle de este Tigre provinciano
se les recuerda
en alguna noche con luna plena
se Ilumina algún nombre de esos otros
y centella por un instante único
el brillo de sus aldeas y sus lenguas
allá lejos, muy lejos, donde nadie los recuerda.

Carlos Brid
Derechos reservados

 




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